Breve historia de uno de los bailes más simples del mundo, pero que genera enorme entusiasmo en los recitales

Aunque no lo parezca, el “pogo” es técnicamente un baile. Así lo definen los diccionarios de Oxford y Merrian Webster, dos de los más consultados del Reino Unido, que incluyen el término dentro de sus ediciones.

“Pogo (baile): saltar hacia arriba repetidamente, siguiendo la música, como se hace en los conciertos de punk rock”, dice el diccionario Oxford.

Según estos diccionarios, y también según varios músicos, el pogo nació con el movimiento punk, en Londres, en la década de 1970. Específicamente, habría sido creado por un hombre: John Simon Ritchie, también conocido como Sid Vicious.

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Rammstein reinauguró la cancha de Racing para conciertos con un espectáculo explosivo.

Año 1999, Estadio de River Plate. Rammstein viene como telonero de la gira 3D de Kiss y los opaca totalmente. Once años después, los alemanes son una banda legendaria considerada por tener unos de los shows más atractivos en el mundo del rock. Once años después vuelven a la Argentina.

Lo más atrayente de Rammstein es que son el claro ejemplo de que la música trasciende fronteras. Si bien acá está el claro ejemplo de sus compatriotas de Die Toten Hosen, ellos lo han sabido llevar un poco más allá siendo una banda de primera línea mundial. Tendrá que ver el tipo de show que tienen, pero el vivo no vende 15 millones de discos. Es la música. De acuerdo, no inventaron nada. Tomaron los riffs de Ministry, los teclados y climas de Nine Inch Nails y The Prodigy, lo destructivo de los Einsturzende Neubauten y cosas de varias bandas industriales. Pero lo que hacen, lo hacen bien.

La excusa era la presentación del disco “Liebe ist für alle da”, un buen disco después de dos bastante pobres. Y la promesa de ver acá el mismo show que se ve en el primer mundo: con escenario, pirotecnia y todo lo que incluye. De hecho se dice que las tres más grandes empresas locales de fuegos artificiales se tuvieron que unir para poder proveer el material necesario para el espectáculo.

El primer problema surge cuando uno entra al campo y ve que por ningún lado hay pantallas, lo que genera un ambiente algo caldeado ahí abajo, con los chicos tratando de llegar adelante para tener una mejor perspectiva. Y mientras los minutos pasan el contexto se complica más. La gente de la popular luchando con los de seguridad para poder pasar al campo, chicos desmayándose, los bomberos a los manguerazos bañando el campo de juego.

Por suerte a las 21:10 empieza a sonar la canción “Rammiled” -que además de abrir el show, también inicia el último disco- mientras cae un telón negro que deja ver una enorme bandera alemana, que luego también cae.

El escenario y la banda, extravagantes desde sus inicios, es una mezcla de esas películas futuristas donde todo es un caos (desde El vengador del futuro a Volver al futuro 2) con una novela de William Burroughs.

Problema dos. La gente ni empezó a calentar y durante la tercera canción un técnico le avisa algo al cantante, Till Lindemann. La banda deja de tocar y se va sin dar explicaciones. No parece un Inconveniente técnico porque nadie arregla nada en el escenario. Unos minutos después, vuelven a aparecer como si nada. Se llegó a decir que era por problemas en el campo. Desde una valla que se salió a mucha gente desmayada. Confuso. Pero así como se fueron, volvieron y la intensidad del show fue creciendo.

Problema tres. No hay pantallas. Y el vivo de Rammstein es casi una obra de teatro conceptual, por lo que la gente en el campo no logra absorber el show en toda su dimensión. Una pena, porque hay cosas realmente buenas. Está el acto donde cocinan a un ayudante, literalmente hablando: lo meten en una olla gigante mientras Lindemann escupe fuego y va encendiendo la hornalla, hasta que el asistente escapa de la misma pero lo alcanzan una especia de bolas incandescentes que caen sobre el escenario (?). Bueno, es muy difícil explicar el show si no lo viste. Pero el fanático de Rammstein sabe que está todo. Sí, la parte donde parece como si un fanático se subiera al escenario y entre todos lo prenden fuego, también está. De los 20 temas interpretados, 16 tendrán algún juego de fuegos artificiales.

Problema cuatro. La lista de temas. Si bien la gente no parece tener problemas, es llamativa la ausencia de muchas canciones clásicas. “Sensucht”, “Asche zu Asche”, “Rammstein”, “Engel”. Hablamos de canciones por las que se hicieron conocidos. Calculo que los más enojados con esto habrán sido los fanáticos más grandes, que son muchos. Hay mucha remera de Kiss. Pero también hay mucha gente joven que está contenta ya que el set cubre mayormente los lanzamientos post “Mutter”. Temas con los que los más chicos se habrán iniciado. De todas maneras hay una gran diferencia cuando suenan “Du Hast” o “Du Riechst so Gut”. Sí, todos hemos visto saltar un estadio entero antes. Pero les digo que ver saltar un estadio iluminado por bolas de fuego no es cosa que uno se olvide con facilidad. Si desde la platea de Racing, que está a 200 metros del escenario, se sentía el calor, bueno, no me quiero imaginar a los pobres chicos que estaban adelante. Por lo menos tendrán un buen bronceado.

La banda transforma el lugar en una discoteca del infierno. Hay momentos de verdadera intensidad; la música está diseñada para mover masas. Tiene sentido el porqué algunas bandas siempre tocarán en lugares cerrados y otras están destinadas a los estadios. Parece una tontería, pero es bastante obvio. Cuando pensás las cosas en grande, lo más probable es que termines en grande. Desde el día uno, Rammstein quiso conquistar estadios. Tan pirotécnico todo que hasta la gente no se queda atrás y enciende algunas bengalas.

Algunas de las canciones más festejadas son las llamadas “en chiste”. Bueno, no sé qué tan en serio se lo toma la banda, pero temas como “Pussy” y “Te quiero puta”… Aunque se generan unos pogos bastante violentos al grito de batalla de “Vos tenes una vagina, yo tengo un pene, así que hagámoslo rapidito”.

¿Buen show? Sí. Sobre todo si estabas en la platea. ¿Y si ibas a campo? Bueno, depende de lo que pudiste ver y las canciones que fuiste a buscar. A juzgar por lo que se observaba, creo que la mayoría de la gente no tuvo queja alguna. O al quinto tema le dejó de importar y se dedicó a meterse en esa discoteca del infierno que era el campo.

Facundo Llano
Redacción de El Acople