No se si todos lo saben pero Argentina también tuvo su momento de gloria, y fué justamente con uno de esos tipos que todos seguramente conocen porque tienen alguna calle cerca que lleva el nombre de él, si tienen unos minutos leanse este interesante artículo, siempre es bueno saber un poco mas sobre nuestros antepasados y viejas glorias de épocas pasadas, después de todo alguno de estos pudo haberse empomado a tu bisabuela! Saludos.

UNA DE PIRATAS:

Llegó al Río de la Plata en 1809 en un barco de corsarios franceses. El primer día de febrero de 1811 el gobierno de la Revolución lo nombra capitán del bergantín de guerra 25 de Mayo. Su primera batalla, la de San Nicolás, no es gloriosa: cuando el 2 de marzo oye los cañones de siete naves, abandona a su jefe, Juan Bautista Azopardo, se tira al agua y gana la costa a nado con toda la tripulación.

En el Consejo de Guerra presidido por Saavedra dirá que los marineros huyeron primero y que él fue impotente para contenerlos. Azopardo, en su diario, se queja de haber sido “vergonzosamente abandonado”.

En tierra le va mejor: incorporado al Regimiento de Granaderos a Caballo, el 13 de febrero de 1813 contribuye al triunfo en San Lorenzo: mata de un pistoletazo al abanderado de los realistas y se queda con el pabellón enemigo; eso lo hace criollo y capitán del ejército de San Martín, que lo recomienda a la Asamblea Constituyente.Pero lo suyo es el pillaje y el saqueo, como Drake y Morgan, y pronto va a probarlo.

En 1815 manda las corbetas Halcón y Uribe y marcha a reunirse con Brown, que comanda la Hércules. El irlandés lo espera en la isla de Mocha, sobre el Pacífico, para ir a cañonear el puerto de El Callao.

Los dos han cambiado: William Brown es ahora guillermo e Hypolite se ha convertido en Hipólito, súbditos de las Provincias Unidas. En una tormenta Bouchard pierde el Uribe. Brown, en cambio, captura la fragata española Consecuencia y toma prisionero al brigadier Mendiburu, gobernador de Guayaquil.

En febrero, Brown decide asaltar la fortaleza de Guayaquil pero Bouchard no lo acompaña porque estima la aventura demasiado riesgosa. En cambio, le propone un negocio: ofrece el Halcón y diez mil pesos en efectivo a cambio de la Consecuencia. Brown acepta y paga. Bouchard regresa a Buenos Aires el 18 de junio de 1816, en vísperas de la declaración de Independencia que San Martín y Belgrano piden a sablazos.

El 9 de julio

“Nace a la faz de la tierra una nueva y gloriosa nación /
coronada su sien de laureles /
y a sus plantas rendido un león”.

Pero el problema más urgente es conseguir que alguna potencia extranjera y soberana reconozca ese nacimiento de parto tan doloroso. Rivadavia y Belgrano han viajado a Europa y no lo han conseguido porque están en desacuerdo sobre la forma de gobierno que se darán. Belgrano quiere coronar a un cacique inca y Rivadavia vislumbra una república liberal en la que pueda ser presidente.

También San Martín propone un rey. A Bouchard le da lo mismo: ahora es sargento mayor de la Marina, tiene patente de corso y necesita una bandera que sea aceptada en todos los puertos. El 9 de julio de 1817 hace que toda la tripulación de la Argentina grite “¡Viva la patria!” y sale de Ensenada rumbo a Madagascar.

Para seguir su loca carrera es preciso tener a mano un mapamundi: en Tamatava, a la entrada del Océano Índico, libera a los esclavos de cuatro barcos españoles y les canta el Himno Nacional para que el ruido llegue hasta Buenos Aires. Pasa por las costas occidentales de la India y entra en el Archipiélago del Sonda donde toca los puertos de Java, Macasar, Célebes, Borneo y Mindanao.No le es fácil el periplo: en Java la Argentina atrapa el escorbuto y el capitán tira cuarenta cadáveres al mar.

En Macasar lo atacan cinco barcos piratas pero en una hora y media de combate Bouchard pone en fuga a cuatro y se queda con el quinto. La batalla le deja siete marineros muertos a los que reemplaza con los más fornidos de la nave capturada. A los otros les ordena rezar y los hunde a cañonazos.

Por fin se acerca a Manila, en las Filipinas. Bloquea la entrada al puerto de Luzón, el más importante del archipiélago, convoca a oficiales y tripulantes al pie de la bandera y les hace una arenga de argentinidad, en francés para los oficiales, en castellano para los marinos.La empresa es espectacular:

la Argentina saquea y hunde dieciséis buques mercantes. Bouchard captura a cuatrocientos tripulantes y un bergantín español. Al fin decide ir a China, pero la tempestad lo empuja a la Polinesia, donde va a llevarse una sorpresa mayor. Al acercarse al puerto de Karakakowa, en las islas Sandwich, le parece distinguir una nave conocida: echa ancla y reconoce a la Chacabuco, una de las corbetas de Brown, que fondea con el pabellón de Kameha-Meha, un reino soberano que nuclea a las incontables islas de Hawaii.Alguien le dice que la tripulación de la Chacabuco, sublevada en Valparaíso, ha llegado extraviada a esas costas y ha vendido la nave al rey.

Los criollos amotinados, hartos de mar, penando por caballos y llanura, consumen el botín de seiscientos quintales de sándalo y dos pipas de ron en las tabernas y prostíbulos de Karakakowa. Uno de ellos, por vergüenza o por nostalgia, conserva la flamante bandera de Belgrano.Bouchard, que ha nacido en Saint Tropez, vislumbra un destino de medallas, honores y pampas tranquilas.

En el instante mismo decide llevarse la corbeta y también el primer reconocimiento diplomático para la nación que nace.Los gauchos borrachos que encuentra en el puerto le cuentan que hay un rey gordo que está siempre rodeado de mujeres de cintura ondulante. Por respeto y sin duda por temor lo apodan “Pedro el Grande de los Mares del Sur”. El capitán recupera la bandera y el corazón se le hace todo fuego: averigua, pide, ruega y llega hasta el monarca.

Lo que ha saqueado en cuatro mares alcanza y sobra para recuperar la Chacabuco. El rey de Kameha-Meha acepta la indemnización pero confiesa no conocer la bandera que Bouchard le muestra.

En inglés, en francés y en español el capitán le cuenta la gesta sudamericana, las interminables llanuras y los Andes nevados que ha cruzado San Martín. Agrega las selvas calientes del Chaco para conmover al monarca y sin vacilar lo nombra, bajo un sol de cincuenta grados, teniente coronel del ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Ahí mismo le entrega uniforme, espada, charreteras y sombrero de granadero y le muestra un mapa del sur para que se ubique.

El rey gordo no se emociona demasiado, pero el uniforme lo divierte y firma un tratado de “Unión para la paz, la guerra y el comercio” en el que consta que Kameha-Meha es la primera potencia del mundo en reconocer a las Provincias Unidas.

Ese 20 de agosto de 1817 el pirata Bouchard empieza a entrar en la historia. Mitre llamará a ese instante de Karakakowa “un triunfo diplomático”.

Vicente Fidel López, que tiene menos sentido del humor, califica al capitán de “corso del latrocinio”.

Pero la irrisoria hazaña de Bouchard recién empieza. En tabernas y fumaderos de Hawaii recoge a los gauchos extraviados, fusila a dos gritones como escarmiento y pone proa a la lejana California.

Un delirio de fortuna y grandeza le quema el alma: antes de que a esas costas las ganen los ingleses, se dice, llegarán los argentinos. El 23 de octubre de 1817, con la Chacabuco recuperada y en pie de guerra, zarpa para Norteamérica.

Ahí va Hipólito Bouchard, viento en popa y cañones limpios, a arrasar la California donde no están todavía el Hollywood del cine ni el Sillicon Valley de las computadoras.

Lleva como excusa la flamante bandera argentina que ha hecho reconocer en Kameha-Meha, aunque los oficiales de su Estado Mayor se llamen Cornet, Oliver, Jhon van Burgen, Greyssa, Harris, Borgues, Douglas, Shipre y Miller.El comandante de la infantería, José María Piris, y el aspirante Tomás Espora son de los pocos criollos a bordo. Entre los marineros de la Argentina y la Chacabuco van decenas de maleantes recogidos en los puertos del Asia, treinta hawaianos comprados al rey de Sandwich, casi un centenar de gauchos mareados y diez gatos embarcados en Karakakowa para combatir las ratas y las pestes.

Al terrible Bouchard, como a todos los marinos, lo preocupa la indisciplina: sabe que algunos de los desertores que habían sublevado la Chacabuco en Valparaíso se han refugiado en la isla de Atoy y quiere darles un escarmiento. Manda a José María Piris que se adelante a bordo de una fragata de los Estados Unidos e intime al rey que protege a los rebeldes.Antes de partir, los piratas norteamericanos, que roban cañones y los revenden, dan una fiesta a la oficialidad de las Provincias Unidas: corre el alcohol, se desatan las lenguas y un irlandés con pata de palo comenta, orgulloso, la intención argentina de bombardear la California.

El capitán de los piratas toma nota: en la bodega lleva doce cañones recién robados y si se adelanta con la noticia a Monterrey -la capital de California- podrá venderlos a cinco veces su precio.

El rey de Atoy no sabe dónde quedan las Provincias Unidas, nunca oyó hablar de las Provincias Unidas y teme una represalia española. Piris lo amenaza con la cólera del infierno y el rey, por las dudas, hace capturar a los sublevados entre los que se encuentra el cabecilla. El comandante duerme en la playa y cuando divisa los barcos de Bouchard se hace conducir en bote para dar la buena nueva.

El francés desconfía: en la entrevista con el rey comunica la sentencia de muerte para los sublevados asilados en Atoy y trata, como en Karakaka¡owa, de hacer reconocer a la flamante nación. El rey se insolenta y dice, muy orondo, que los prisioneros se le han escapado.

“Comprometidos así la justicia y el honor del pabellón que tremolaba en mi buque, fue necesario apelar a la fuerza”, cuenta Bouchard en sus Memorias. En realidad, basta con amagar. El rey manda a un emisario a parlamentar a la Argentina y lleva a los prisioneros a la playa. Bouchard baja, arrogante y triunfal, les lee la sentencia y ahí no más fusila a un tal Griffiths, cabecilla del amotinamiento. A los otros los conduce al barco y les hace dar “doce docenas de azotes”.

El 22 de diciembre de 1818 llega a las costas de Monterrey sin saber que los norteamericanos han armado la fortaleza a precio vil. Bouchard traza su plan: pone doscientos hombres de refuerzo en la corbeta Chacabuco, le hace enarbolar una engañosa bandera de los Estados Unidos y la manda al frente a las órdenes de Willian (o Guillermo) Shipre.Ya nadie recuerda la letra del Himno Nacional y Shipre hace cantar cualquier cosa antes de ir al ataque.

Están calentándose los pechos cuando advierten que cesa el viento y la Chacabuco queda a la deriva. Desde el fuerte les tiran diecisiete cañonazos y no falla ninguno.

La Chacabuco empieza a naufragar en medio del desbande y los gritos de los heridos. Shipre se rinde enseguida. Escribe Bouchard: “A los diecisiete tiros de la fortaleza tuve el dolor de ver arriar la bandera de la patria”.Todo es desolación y sangre en la Chacabuco pero Bouchard no quiere pasar vergüenza en Buenos Aires.

Las Provincias Unidas de la Revolución han autorizado a más de sesenta buques corsarios para que recorran las aguas con pabellón celeste y blanco y las presas capturadas son más de cuatrocientas. De pronto, la joven nación está asolando los mares y las potencias empiezan a alarmarse.

Todavía hoy la Constitución argentina autoriza al Congreso a otorgar patentes de corso y establecer reglamentos para las presas (art. 67, inc 22).

Los pobres españoles de California no tenían ni un solo navío para su defensa. Bouchard ordena trasladar a los sobrevivientes de la Chacabuco a la Argentina pero abandona a los mutilados y heridos para que con sus gritos de espanto distraigan a los españoles. Al amanecer del 24, mientras en Monterrey se festeja la victoria, Bouchard comanda el desembarco con doscientos hombres armados de fusiles y picas de abordaje. lo acompañan oficiales que no saben para quién pelean pero esperan repartirse un botín considerable.

A las ocho de la mañana, después de un tiroteo, la tropa española abandona el fuerte y retrocede hacia las poblaciones. A las diez, Bouchard captura veinte piezas de artillería y con mucha pompa hace que los gauchos y los mercenarios formen en el patio mientras hace izar la bandera.sin embargo el capitán no está contento.

Quiere que en el mundo se sepa de él, que le paguen la afrenta de la Chacabuco. Arenga a la tropa enardecida y la lanza sobre la población aterrorizada. Los marinos de Sandwich son implacables con la lanza y la pistola; otros tiran con fusiles y los gauchos manejan el cuchillo y el fuego a discreción.

Dicen los historiadores de la Marina que Bouchard respeta a la población de origen americano y es feroz con la española. Difícil saber cómo hizo la diferencia en el vértigo del asalto. La fortaleza es arrasada hasta los cimientos. También el cuartel y el presidio. Las casas son incendiadas y la Nochebuena de 1818 es un vasto y horroroso infierno de llamas y lamentos.

Después del pillaje, Bouchard manda guardar dos piezas de artillería de bronce para presentar en Buenos Aires con las barras de plata que encuentra en un granero.Durante seis días, siobre los escombros y los cadáveres, flamea la bandera argentina. Los prisioneros liberados de la cárcel ayudan a reparar la Chacabuco mientras los soldados arman juerga sobre juerga a costa de las aterradas viudas de España, episodio que las historias oficiales eluden con pudor.

Tanto escándolo arman Bouchard y los suyos en el norte que el Departamento de Estado norteamericano -cuenta el historiador Harold Peterson- “dio instrucciones a sus agentes para que protestaran vigorosamente contra los excesos cometidos con barcos que navegaban bajo la bandera y con comisiones de Buenos Aires”. Sin embargo, recién en 1821, con Rivadavia como ministro de Guerra, los Estados Unidos obtendrían un decreto de revocación de las patentes de los corsarios:

“En su forma literal -dice Peterson- este decreto representaba una entrega total a la posición por la cual los Estados Unidos habían luchado durante cinco años”.

Para entonces, Bouchard ya había quemado toda California. Después de destruir Monterrey arrasa con la misión de San Juan, con Santa Bárbara y otras poblaciones que quedan en llamas.

El 25 de enero de 1819 bloquea el puerto de San Blas y ataca Acapulco de México.

En Guatemala destruye Sonsonate y toma un bergantín español.

En Nicaragua, por fin, se echa sobre Realejo, el principal puerto español en los mares del sur, y se queda con cuatro buques cargados con añil y cacao y veintisiete prisioneros. Ésa fue su última hazaña.Al llegar a Valparaíso, maltrecho por el ataque de otro pirata, Bouchard reclama la gloria pero lo espera la cárcel.

Lord Cochrane, corsario al servicio de Chile, lo acusa de piratería, insubordinación y crueldad con los prisioneros capturados. Bouchard argumenta:

“Soy un teniente coronel del Ejército de los Andes, un vecino arraigado en la Capital, un corsario que de mi libre voluntad he entrado a los puertos de Chile con el preciso designio de auxiliar a sus expediciones”. Sobre las torturas ordenadas, se defiende así:

“Que se pregunte por el trato que recibieron los tripulantes del corsario chileno Maipú u otro de Buenos Aires que, luego de apresado, entró a Cádiz con la gente colgada de los penoles”.Pasa apenas cinco meses en prisión. Al salir pone sus barcos a disposición de San Martín y le lleva granaderos a Lima.

Ya en decadencia, reblandecido por dos hijas a las que apenas había conocido, se pone a las órdenes del Perú y en 1831 se retira a una hacienda.

En 1843, un mulato harto de malos tratos lo degüella de un navajazo.Es una muerte en condicional: los apólogos de la Marina, que le justifican torturas y tropelías, no consignan ese indigno final.* de Osvaldo Soriano.

Incluido en “Cuentos de los años felices” Editorial Sudamericana. Bs. As. edición de 1993.

En este post narro de manera lineal la historia oficial y definitiva de Harley Quinn, la cual está englobada dentro del universo animado de DC (1992-2005) especialmente dentro de la serie animada de Batman en donde nació. Debe tomarse en cuenta que las historias originales de los personajes están determinadas por el medio en el cual primero aparecieron, de esta manera como Harley debutó en la animated series es la historia que allí se cuenta la oficial y por sobre todo la original, la definitiva y primera de todas. Todos los eventos están acompañados del nombre del/los capítulos en los que acontecieron y dentro de que serie.

Otra importante fuente para esta investigación reside en el comic Mad Love (1994) que al tratarse de un ejemplar de la línea oficial de comics de la serie animada aporta datos aledaños y que dan sentido a muchas cosas.

Espero hallen este post de su interés y disfruten su lectura tanto como yo al hacerlo

Harleen Quinzel arriba a Gotham como una ilustre recién graduada con miras a trabajar en el asilo Arkham, hogar de algunos de los villanos más ilustres de América, en especial la némesis del caballero oscuro, el Joker. Todos estos acontecimientos estando englobados en el episodio Mad Love de la 4ta temporada de la serie, el cual en gran parte es un flashback que narra los orígenes de Harley, basados directamente del comic con el mismo nombre que el episodio de la linea oficial de comics de la serie, los cuales eran una suerte de complemento y continuación de la tv a las páginas.

Una vez allí para su propia sorpresa su interés por el Joker va más allá de lo profesional, pues se enamora de él, en parte por su inestable personalidad y otra parte por que el villano supo ver su debilidad y la explotó para sus propios beneficios.

Como primera medida el Joker le concede sesiones con la promesa de contarle cosas inéditas acerca de su vida. A lo largo de dichas sesiones van intimando más y más, hasta el punto que hizo que Harley viera el mundo como el e incluso considerase a Batman como un verdadero villano. Fue el Joker quien la bautizó como Harley Quinn en su primer encuentro. abreviación de su nombre y apellido que forman algo parecido a “Arlequín”

Todo se sale de control cuando en una escapada del villano (probablemente facilitada por Quinn) Batman lo recaptura y devuelve al asilo en un deplorable estado luego de propinarle una dura paliza. Al ver a su amado de esa manera la inestable Dra pone manos a la obra reuniendo explosivos y un disfraz, con lo que asume la identidad de Harley Quinn y destruye la celda del Joker ayudándole a escapar una vez más.

Una vez fuera del asilo la vida de pareja no es lo que se imaginaba Harley, pues ya no estando en Arkham el caracter inestable del Joker sale a flote y la maltrata constantemente, tanto física como psicologicamente. No obstante todo este maltrato se mantendría a su lado casi que incondicionalmente.
Luego durante el episodio “A Joker’s favor” (donde oficialmente hace su debut en la serie y en el universo DC en gral) se la ve ayudando a su gran amor a perpetrar un atentado en una fiesta en honor al comisionado Gordon plantando una bomba en el lugar mientras todos están paralizados gracias al gas paralizante del Joker. Sin embargo en el trascurso del acto es esposada por Batman donde exclama que debió quedarse en la escuela de modelos, lo que podría significar que probó suerte en dicho mundo.


Posteriormente sigue colaborando asiduamente con operativos del Joker tales como cuando infestó los peces del rio Gotham con su gas de la risa para crear los “peces Joker” (The Laughing fish) o también el secuestro de Batman (Almost catch him) donde casi lo matan en una silla eléctrica. En el mismo episodio reduce a Catwoman quien estaba a punto de atrapar al Joker y la llevan a una planta de procesamiento de comida para gatos, donde estaba encargada de matarla en la trituradora industrial. Finalmente Batman la detiene una vez más pero vuelve a manifestar su peligrosidad.

La historia definitiva de Harley Quinn

Un hecho curioso pero no menos importante tiene lugar durante el episodio “The man who killed Batman” donde Harley haciéndose pasar por abogada logra enagañar al departamento de policía de Gotham y sacar de la prisión al presunto asesino de Batman Sidney Debris, para llevárselo al Joker así éste podría vengarse de quien le sacó el honor de acabar con el murciélago.

batman

Posteriormente en “Harley and Ivy” decide separarse del Joker debido a sus maltratos, aunque más tarde querría volver con el, pero para que este le tuviese más respeto decide robar el diamante arlequín, el cual obtiene facilmente eludiendo todos los lasers que lo rodeaban con una habilidad gimnástica digna de una atleta (adquiriendo estas habilidades durante su etapa estudiantil según el comic Mad Love)

link: https://www.youtube.com/watch?v=qrx6x7lpdSY

Justo cuando salía del museo donde estaba expuesto se topa con Poison Ivy (hiedra venenosa) a la que decide ayudar deshaciéndose de los policías que la perseguían, con lo que huyen juntas e inician una amistad criminal. Una vez en casa de Ivy ésta le inyecta a Harley un suero que neutraliza su veneno, pues quien este demasiado expuesto a Hiedra moriría por ello. Como efecto secundario aumenta su fuerza y agilidad considerablemente.

Serie Animada

Durante el tiempo que estuvieron juntas dan numerosos golpes exitosos eludiendo tanto a Batman como a la policía, ganandose el apodo de las reinas del crimen. Sin embargo Harley seguía extrañando demasiado al Joker, por lo que un día lo llama desde casa de Ivy, a lo que el villano la rastrea y acuda en su búsqueda, con Batman detrás, quien una vez allí captura a los 3 de un solo golpe.

joker

Posteriormente forma parte del jurado de locos de Arkham el cual juzga a Batman por sus acciones contra los villanos (“The Trial” )Quinn es la encargada de custodiar el Baticinturón y una integrante del jurado. Más tarde cuando Batman logra escaparse de sus ataduras reduce primeramente a Harley para así recuperar sus artilugios.

guason

Tiempo después es requerida por Batman en una misión a contra tiempo debido a que el Joker a robado una bomba atómica (Harlequinade) y Harley es la única que podría saber donde se encuentra. Finalmente accede a ayudar a Batman y Robin a cambio de una reducción de su condena. Como curiosidad en determinado momento admite no ser rubia natural.

Comics

Recorren durante toda la noche Gotham hasta que finalmente hallan al Joker en la mansión del alcalde Hill, reteniendo al funcionario como rehén. Apenas lo localizan Harley traiciona al dúo dinámico e incluso los reduce, planeando huir con el Joker en el avión desde donde lanzarán la bomba sobre la ciudad. Una vez más las palabras salvan al dúo haciéndole ver que el Joker no pensaba ir a buscarla cuando tirase la bomba y que acabaría con muchos de sus amigos criminales, por lo que se vuelve contra el Joker y hasta casi lo mata. Finalmente más allá de las vicisitudes su ayuda resulta de vital importancia tanto para salvar la ciudad del exterminio total como para salvar al alcalde de Gotham.

curiosidades

Es quizás por las acciones anteriores que en “Harley’s Holidays” le concedan la libertad de Arkham, la cual aprovecha en su primer día dando un paseo el cual deviene en desastre debido a un malentendido en un centro comercial lo que resalta que su comportamiento antisocial no se ha corregido del todo por lo que termina secuestrando a la aristócrata Veronica Vreeland (aunque sin quererlo) mientras acude a Boxy bennet, un viejo amigo gángster al cual besa para que la ayude a escapar de la policía y Batman. De paso el padre de Vreeland resulta ser un gral del ejército, que ciego de ira va en búsqueda de su hija en un tanque de guerra arrasando media ciudad.

poison ivy

Como no podía ser de otra manera la ciudad sufre grandes daños además de un espectacular choque entre la policía, Boxy Bennet y el tanque del Gral Vreeland, por lo que Harley vuelve a Arkham, aunque para su sorpresa sin cargos por parte de la srta Vreeland quien atestiguo que todo fue un mal entendido.

suicide squad

Al final del episodio Harley besa a Batman, debido a que este le dio el vestido por el que el problema había empezado y le dijo que la entendía ya que el también tuvo sus malos días. Este comportamiento demostraría su inestabilidad emocional y el uso de sus encantos para conseguir cosas a través de los hombres. De hecho el comic Mad Love da a entender que Harley muchas veces obtenía buenas notas haciéndole favores sexuales a sus profesores.

Batman vs Superman

Posteriormente aparece en “Lock Up” como uno de los internos de Arkham que denuncia al guardia (y futuro vigilante) Lyle Bolton por sus abusivos tratos. Esta mini aparición marcaría su última participación en las primeras 3 temporadas de la animated series (92/95)

harley quinn

Más tarde, ya situados en la 4ta temporada de la serie animada aparece en Holidays Knight, donde secuestra a Bruce Wayne junto con Ivy quien usa sus feromonas para tener dominio total sobre su voluntad con lo que realizan numerosas compras a su nombre. Finalmente cuando creen haberlo matado éste resurge como Batman y las detiene. Tiempo después vuelve a tener un conflicto con el Joker, cuando este hereda una considerable suma de dinero de un viejo rival y se niega a liberarla de Arkham, prefiriendo hacer un casting para sustituirla (Joker’s Millions)

La historia definitiva de Harley Quinn

Luego de esto vuelve con Ivy algún tiempo y es cuando hace aparición la enemiga de Superman Livewire (Girl’s night’s out) quien les propone una sociedad para hacerse con Gotham, a lo que son detenidas por Batgirl y Supergirl. Durante estos eventos Harley se ve relegada y algo celosa con respecto a Livewire ya que es mucho más poderosa que ella y por ende se lleva más favores de Ivy.

batman

Una vez más al lado del Joker se ve acosada por una extraña criatura, el Creeper (episodio Beware with the Creeper) quien se enamora de ella y la persigue por media ciudad hasta hallarla en la guarida del Joker. Cabe destacar que esta criatura no es otro que el periodista Jack Rider a quien días antes Harley y el Joker habían creado tirándolo en un tanque de ácido mientras éste hacía un informe sobre el origen del Joker en la misma fábrica donde éste mismo nació, ACE.

Serie Animada

De vuelta al arco del episodio Mad Love Harley harta de que Batman se lleve toda la atención del Joker decide matarlo ella misma, creyendo así que vivirá feliz por siempre junto a su amor. A todo esto idea un plan donde atrae a Batman con la promesa de la revelación de planes inéditos del Joker para acabar con el y Gotham. Una vez allí logra reducir a Batman y tomarlo prisionero.

joker

La manera en que Harley decidió matar a Batman se trataba de un viejo plan que el Joker había desechado, consistía en colgar al hombre murciélago sobre un tanque de pirañas y soltarlo para que estas lo devorasen. Sin embargo la idea de Harley innovo en colgarlo de cabeza a Batman, para que este desde su perspectiva viese a las pirañas sonrientes mientras se lo comían vivo, cosa que el Joker no había podido hacer.

guason

Finalmente Batman ganando tiempo le dice a Harley que el Joker debería estar allí presente para comprobar que realmente murio, ya que con un monton de huesos no probaría nada. Harley le da la razón y llama al Joker, quien acude al lugar en seguida y muy enfurecido, a lo que apenas llega golpea salvajemente a Quinn y termina lanzandola por una ventana del edificio donde estaban, lo que si no la mató fue por que cayó sobre un montón de cajas que aún así no le evitaron serias lesiones.

Comics

Todo esto da tiempo a Batman de recuperarse y liberarse de la trampa para luego luchar contra el Joker, al cual le comenta que Harley estuvo mucho más cerca de matarlo de lo que el estuvo nunca y que se salvó solo gracias a su palabrería y el hecho que sabía que sus ansias por matarlo irónicamente lo salvarían, ya que no soportaría que alguien más lo hiciese.

curiosidades

Días después de esto Quinn es recluida en Arkham, en muy mal estado y totalmente desilusionada de su amado, aunque unas flores con una tarjeta firmada por el Joker la reaniman y vuelve a quererlo como antes.

poison ivy

Por otro lado durante este mismo episodio cometió uno de sus actos más osados con el cual casi asesinan al mismísimo comisionado de policía James Gordon.

suicide squad

Luego de esto forma de uno de los planes más osados del Joker: venderle a Luthor una estatuilla hecha de kriptonita pura a cambio de 2 billones de dólares a la vez que le ayudase a matar a Batman, cosa que los traslada a Metropolis. Durante estos acontecimientos Harley desarrolla una dura rivalidad con la guardaespaldas de Luthor, Mercy Graves, con la que lucha encarnadamente más de una vez. Todo esto enmarcado en el episodio de la serie animada de Superman “World Finest”

Batman vs Superman

Finalmente la sociedad no acabaría nada bien debido a que el Joker secuestra a Luthor ante sus desacuerdos por lo que se las ve junto a Quinn cara a cara contra Superman y Batman, enfrentamiento del cual Harley sale viva pero el Joker no, presuntamente…

harley quinn

Posteriormente junto con Ivy en el arco de la serie Static Shock (Hard Nails) engañan a la poderosa mutante Nails de realizar un millonario robo a un barco cargado de barras de oro, siendo que esta pensaba que en la nave estaba el antídoto que revertiría su mutación. Tras el robo la traicionan y la dejan sola para hundirse con el barco, sin embargo Batman la salva y más tarde junto a Static Shock detienen a Harley y Ivy. Quinn es neutralizada por los poderes eléctricos de Static.

La historia definitiva de Harley Quinn

Luego en su única aparición en la JLU (liga de la justicia ilimitada) durante el episodio “Wild Card” junto al Joker toma el control de la peligrosa banda criminal wildcard, especialmente de la mutante telequinética Ace. Su plan consistía volver loca a la población mundial a través de la mirada de Ace, ya que sus poderes eran tan potentes que tan solo con que la mirasen, incluso a través de una transmisión por TV volvería totlamente loca a la gente generando un caos de proporciones épicas.

batman

La función de Harley en el plan más que nada era monitorear las peleas entre los miembro de la JLA contra los wildcard, función durante la cual su helicóptero es derribado por Batman haciéndola caer en sus manos. Una vez más Harley es manipulada por el caballero oscuro haciéndole creer que el Joker está enamorado de Ace, a lo que enfurecida se dirige al escondite del Joker sin darse cuenta de que guía hacia el a la liga de la justicia entera, donde desmantelan todo el plan.

Serie Animada

En algún momento vuelve a las andanzas en Gotham, por supuesto que una vez más junto al Joker, en su más desquiciado plan (dentro del filmBatman Beyond return of The Joker) convertir a Robin (Tim Drake) en su hijo, una suerte de mini joker con un gran odio hacia Batman debido a tortura y lavado de cerebro. De hecho es la misma Harley quien captura a Robin. Debido a su estado el debil joven maravilla revela al Joker el más grande secreto de Batman, su verdadera identidad, que de paso seguramente Quinn también sabría.

joker

Cuando Batman va en rescate de Robin en el entonces destruido asilo Arkham Quinn se enfrenta a Batgirl en una encarnizada pelea durante la cual Harley cae a una profunda grieta a pesar de los intentos de la chica murciélago por salvarla, con lo que habría muerto. Todo esto además marca un acontecimiento por demás importante para Quinn, la muerte del Joker a manos del desquiciado Robin.

guason

Sin embargo, muchos años después, alrededor de unos 30, durante el regreso del Joker, éste recluta una banda de jóvenes “Jokers” (tribu urbana de caracter violento en honor al villano) donde se encuentran 2 gemelas, las hermanas Dee Dee, quienes son apresadas por Batman del futuro.

Comics

Lo curioso ocurre cuando un oficial les indica que su abuela ha pagado la fianza, la cual no es otra que una anciana Harley Quinn, quien sobrevivió milagrosamente a la caída (probablemente gracias al suero de Ivy) y re hizo su vida alejada del ojo público y sobre todo del crimen. Además de esto reprende a sus nietas por andar en malas compañías, lo que indicaría que al final terminó rehabilitándose, formando una familia y por ende superando a su viejo amor.

curiosidades

poison ivy

Doniazada dijo:

“¡Oh hermana mía! acaba la relación”.

Y Schehrazada contestó: “Con mucho agrado, y como un deber de generosidad”. Y prosiguió: He llegado a saber, ¡oh rey poderoso! que cuando el mandadero hizo su promesa a las jóvenes, se levantó la proveedora, colocó los manjares delante de los comensales, y todos comieron muy regaladamente. Después de esto encendieron las velas, quemaron maderas olorosas e incienso, y volvieron a beber y comer todas las golosinas compradas en el zoco, sobre todo el mandadero, que al mismo tiempo decía versos, cerrando los ojos mientras recitaba y moviendo la cabeza. Y de pronto se oyeron fuertes golpes en la puerta, lo que no les perturbó en sus placeres, pero al fin la menor de las jóvenes se levantó, fué a la puerta, y luego volvió y dijo: “Bien llena va a estar nuestra mesa esta noche, pues acabo de encontrar junto a la puerta a tres ahjam (1) con las barbas afeitadas y tuertos del ojo izquierdo. Es una coincidencia asombrosa. He visto inmediatamente que eran extranjeros, y deben venir del país de los Rum. Cada uno es diferente, pero los tres son tan ridículos de fisonomía, que hacen reír. Si los hiciésemos entrar nos divertiríamos con ellos”. Y sus hermanas aceptaron. “Diles que pueden entrar, pero entérales de que no deben hablar de lo que no les importe, si no quieren oír cosas desagradables”. Y la joven corrió a la puerta, muy alegre, y volvió trayendo a los tres tuertos. Llevaban las mejillas afeitadas, con unos bigotes retorcidos y tiesos, y todo indicaba que pertenecían a la cofradía de mendicantes llamados saalik.(2)

Apenas entraron, desearon la paz a la concurrencia, y las jóvenes se quedaron de pie y los invitaron a sentarse. Una vez sentados, los saalik miraron al mandadero, y suponiendo que pertenecía a su cofradía, dijeron: “Es un saaluk como nosotros, y podrá hacernos amistosa compañía”. Pero el mozo, que los había oído, se levantó de súbito, los miró airadamente, y exclamó: “Dejadme en paz, que para nada necesito vuestro afecto. Y empezad por cumplir lo que veréis encima de esa puerta”. Las doncellas estallaron de risa al oír estas palabras, y se decían: “Vamos a divertirnos con este mozo y los saalik”.

(1) Plural de ajami, palabra con que se designa a todos los pueblos que hablan lenguas distintas del árabe, y especialmente a los persas y a todos cuantos hablan mal el árabe. Pero generalmente sólo se aplica a los persas.

(2) Los persas los llaman kalendars o calendos. Saalik es el plural de saaluk.

Después ofrecieron manjares a los saalik, que los comieron muy gustosamente. Y la más joven les ofreció de beber, y los saalik bebieron uno tras otro. Y cuando la copa estuvo en circulación, dijo el mandadero: “Hermanos nuestros, ¿lleváis en el saco alguna historia o alguna maravillosa aventura con qué divertirnos?”

Estas palabras los estimularon, y pidieron que les trajesen instrumentos. Y entonces la más joven les trajo inmediatamente un pandero de Mussul adornado con cascabeles, un laúd de Irak y una flauta de Persia. Y los tres saalik se pusieron de pie, y uno cogió el pandero, otro el laúd y el tercero la flauta. Y los tres empezaron a tocar, y las doncellas los acompañaban con sus cantos. Y el mandadero se moría de gusto, admirando la hermosa voz de aquellas mujeres.

En este momento, volvieron a llamar a la puerta. Y como de costumbre, acudió a abrir la más joven de las tres doncellas.

Y he aquí el motivo de que hubiesen llamado:

Aquella noche, el califa Harún–Al–Raschid había salido a recorrer la ciudad, para ver y escuchar por sí mismo cuanto ocurriese. Le acompañaba su visir Giafar–Al–Barmaki (1) y el portaalfanje Masurur, ejecutor de sus justicias. El califa en estos casos acostumbraba disfrazarse de mercader.

Y paseando por las calles había llegado frente a aquella casa y había oído los instrumentos y los ecos de la fiesta. Y el califa dijo al visir Giafar: “Quiero que entremos en esta casa para saber qué son esas voces”.

Y el visir Giafar replicó: “Acaso sea un hatajo de borrachos, y convendría precavernos por si nos hiciesen alguna mala partida”. Pero el califa dijo: “Es mi voluntad entrar ahí. Quiero que busques la forma de entrar y sorprenderlos”. Al oír esta orden, el visir contestó: “Escucho y obedezco”. Y Giafar avanzó y llamó a la puerta. Y al momento fué a abrir la más joven de las tres hermanas.

Cuando la joven hubo abierto la puerta, el visir le dijo: “¡Oh señora mía! somos mercaderes de Tabaria (Tiberíades) Hace diez días llegamos a Bagdad con nuestros géneros, y habitamos en el khan de los mercaderes. Uno de los comerciantes del khan nos ha convidado a su casa y nos ha dado de comer. Después de la comida, que ha durado una hora, nos ha dejado en libertad de marcharnos. Hemos salido, pero ya era de noche, y como somos extranjeros, hemos perdido el camino del khan y ahora nos dirigimos fervorosamente a vuestra generosidad para que nos permitáis entrar y pasar la noche aquí. Y ¡Alah os tendrá en cuenta esta buena obra!”

Entonces la joven los miró, le pareció que en efecto tenían maneras de mercaderes y un aspecto muy respetable, por lo cual fué a buscar a sus dos hermanas para pedirles parecer. Y ellas le dijeron: “Déjales entrar”. Entonces fué a abrirles la puerta, y le preguntaron: “¿Podemos entrar, con vuestro permiso?” Y ella contestó: “Entrad”. Y entraron el califa, el visir y el portaalfanje, y al verlos las jóvenes se pusieron de pie y les dijeron: “¡Sed bien venidos, y que la acogida en esta casa os sea tan amplia como amistosa! Sentaos, ¡oh huéspedes nuestros! Sólo tenemos que imponeros una condición: “No habléis de lo que no os importa, si no queréis oír cosas que no os gusten”.

Y ellos respondieron: “Ciertamente que sí”. Y se sentaron, y fueron invitados a beber y a que circulase entre ellos la copa. Después el califa miró a los tres saalik, y se asombró mucho al ver que los tres estaban tuertos del ojo izquierdo. Y miró en seguida a las jóvenes, y al advertir su hermosura y su gracia, quedó aún más perplejo. Las doncellas siguieron conversando con los convidados, invitándoles a beber con ellas, y luego presentaron un vino exquisito al califa, pero éste lo rechazó, diciendo: “Soy un buen hadj”.(2)

Entonces la más joven se levantó y colocó delante de él una mesita con incrustaciones finas, encima de la cual puso una taza de porcelana de China, y echó en ella agua de la fuente, que enfrió con un pedazo de hielo, y lo mezcló todo con azúcar y agua de rosas, y después se lo presentó al califa. Y él aceptó, y le dió las gracias, diciendo para sí: “Mañana tengo que recompensarla por su acción y por todo el bien que hace”.

Las doncellas siguieron cumpliendo sus deberes de hospitalidad y sirviendo de beber. Pero cuando el vino produjo sus efectos, la mayor de las tres hermanas se levantó, cogió de la mano a la proveedora, y le dijo: ¡”Oh hermana mía! levántate y cumplamos nuestro deber”. Y su hermana le contestó: “Me tienes a tus órdenes”.

Entonces la más pequeña se levantó también, y dijo a los saalik que se apartaran del centro de la sala y que fuesen a colocarse junto a las puertas. Quitó cuanto había en medio del salón y lo limpió.

(1) el Barmakida o el Barmecida (2) Hadj, peregrino de Ia Meca

Las otras dos hermanas llamaron al mandadero, y le dijeron: “¡Por Alah! ¡Cuán poco nos ayudas! Cuenta que no eres un extraño, sino de la casa”. Y entonces el mozo se levantó, se remangó la túnica, y apretándose el cinturón, dijo: “Mandad y obedeceré”. Y ellas contestaron: “Aguarda en tu sitio”. Y a los pocos momentos le dijo la proveedora: “Sígueme, que podrás ayudarme”.

Y la siguió fuera de la sala, y vió dos perras de la especie de las perras negras, que llevaban cadenas al cuello. El mandadero las cogió y las llevó al centro de la sala. Entonces la mayor de las hermanas se remangó el brazo, cogió un látigo, y dijo al mozo: “Trae aquí una de esas perras”.

Y el mandadero, tirando de la cadena del animal, le obligó a acercarse, y la perra se echó a llorar y levantó la cabeza hacia la joven. Pero ésta, sin cuidarse de ello, la tumbó a sus pies, y empezó a darle latigazos en la cabeza, y la perra chillaba y lloraba, y la joven no la dejó de azotar hasta que se le cansó el brazo. Entonces tiró el látigo, cogió a la perra en brazos, la estrechó contra su pecho, le secó las lágrimas y la besó en la cabeza, que la tenía cogida entre sus manos. Después dijo al mandadero: “Llévatela, y tráeme la otra”. Y el mandadero trajo la otra, y la joven la trató lo mismo que a la primera.

Entonces el califa sintió que sus ojos se llenaban de lástima y que el pecho se le oprimía de tristeza, y guiñó el ojo al visir Giafar para que interrogase sobre aquello a la joven, pero el visir le respondió por señas que lo mejor era callarse.

En seguida la mayor de las doncellas se dirigió a sus hermanas, y les dijo: “Hagamos lo que es nuestra costumbre”. Y las otras contestaron: “Obedecemos”. Y entonces se subió al lecho, chapeado de plata y de oro, y dijo a las otras dos: “Veamos ahora lo que sabéis”.

Y la más pequeña se subió al lecho, mientras que la otra se marchó a sus habitaciones y volvió trayendo una bolsa de raso con flecos de seda verde; se detuvo delante de las jóvenes, abrió la bolsa y extrajo de ella un laúd. Después se lo entregó a su hermana pequeña, que lo templó, y se puso a tañerlo, cantando estas estrofas con una voz sollozante y conmovida:

¡Por piedad ¡Devolved a mis párpados el sueño que de ellos ha huído! ¡Decidme donde ha ido a parar mi razón!

¡Guando permití que el amor penetrase en mi morada se enojó conmigo el sueño y me abandonó!

Y me preguntaban: “¿Qué has hecho para verte así, tú que eres de los que recorren el camino recto y seguro? ¡Dinos quién te ha extraviado de ese modo!”

Y les dije: “¡No seré yo, sino ella quien os responda! ¡Yo sólo puedo deciros que mi sangre, toda mi sangre, le pertenece! ¡Y siempre he de preferir verterla por ella a conservarla torpemente en mí!

 “¡He elegido una mujer para poner en ella mis pensamientos, mis pensamientos que reflejan su imagen! ¡Si expulsara esa imagen, se consumirían mis entrañas con un fuego devorador!

 “¡Si la viérais, me disculparíais! ¡Porque el mismo Alah cinceló esa joya con el licor de la vida; y con lo que quedó de ese licor fabricó la granada y las perlas!”

 Y me dicen: “¿Pero encuentras en el objeto amado otra cosa que lágrimas, penas y escasos placeres?

 “¿No sabes que al mirarte en el agua límpida sólo verás tu sombra? ¡Bebes de un manantial cuya agua sacia antes de ser saboreada!”

 Y yo contesto: “¡No creáis que bebiendo se ha apoderado de mí la embriaguez, sino sólo mirando! ¡No fué preciso más; esto bastó para que el sueño huyera por siempre de mis ojos!

 “¡Y no son las cosas pasadas las que me consumen, sino solamente el pasado de ella! ¡No son las cosas amadas de que me separé las que me han puesto en este estado, sino solamente la separación de ella!

 “¿Podría volver mis miradas hacia otra, cuando toda mi alma está unida a su cuerpo perfumado, a sus aromas de ámbar y almizcle?”

Cuando acabó de cantar, su hermana le dijo: “¡Ojalá te consuele Alah, hermana mía!” Pero tal aflicción se apoderó de la joven portera, que se desgarró las vestiduras, y cayó desmayada en el suelo.

Pero al caer, como una parte de su cuerpo quedó descubierta, el califa vió en él huellas de latigazos y varazos, y se asombró hasta el límite del asombro. La proveedora roció la cara de su hermana, y luego que recobró el sentido, le trajo un vestido nuevo y se lo puso.

Entonces el califa dijo a Giafar: “¿No te conmueven estas cosas? ¡,No has visto señales de golpes en el cuerpo de esa mujer? Yo no puedo callarme, y no descansaré hasta descubrir la verdad de todo esto, y sobre todo, esa aventura de las dos perras”. Y el visir contestó: “¡Oh mi señor, corona de mi cabeza!, recuerda la condición que nos impusieron: No hables de lo que no te importe, si no quieres oír cosas que no te gusten”.

Y mientras tanto, la proveedora se levantó, cogió el laúd, lo apoyó en su redondo seno, y se puso a cantar:

¿Qué responderíamos si vinieran a darnos quejas de amor? ¿Qué haríamos si el amor nos dañara?

 ¡Si confiáramos a un intérprete que respondiese en nuestro nombre, este intérprete no sabría traducir todas las quejas de un corazón enamorado!

 ¡Y si sufrimos con paciencia y en silencio la ausencia del amado, pronto nos pondrá el dolor a las puertas de la muerte!

 ¡Oh dolor! ¡Para nosotros sólo hay penas y duelo: las lágrimas resbalan por las mejillas!

 Y tú, querido ausente, que has huído de las miradas de mis ojos cortando los lazos que te unían a mis entrañas.

 Di, ¿conservas algún recuerdo de nuestro amor pasado, una huella pequeña que dure a pesar del tiempo?

 ¿O has olvidado, con la ausencia, el amor que agotó mi espíritu y me puso en tal estado de aniquilamiento y postración?

 ¡Si mi sino es vivir desterrada, algún día pediré cuentas de estos sufrimientos a Alah, nuestro Señor!

 Al oír este canto tan triste, la mayor de las doncellas se desgarró las vestiduras, y cayó desmayada. Y la proveedora se levantó y le puso un vestido nuevo, después de haber cuidado de rociarle la cara con agua para que volviese de su desmayo. Entonces, algo repuesta, se sentó la joven en el lecho, y dijo a su hermana: “Te ruego que cantes más para que podamos pagar nuestras deudas. ¡Aunque sólo sea una vez!” Y la proveedora templó de nuevo el laúd y cantó las siguientes estrofas:

¿Hasta cuando durarán esta separación y este abandono tan cruel? ¿No sabes que a mis ojos ya no les quedan lágrimas?

¡Me abandonas! ¿Pero no crees que rompes así la antigua amistad? ¡Oh! ¡si tu objeto era despertar mis celos, lo has logrado!

¡Si el maldito Destino siempre ayudase a los hombres amorosos, las pobres mujeres no tendrían tiempo para dirigir reconvenciones a los amantes infieles!

¿A quién me quejaré para desahogar un poco mis desdichas, las desdichas causadas por tu mano, asesino de mi corazón.. .? ¡Ay de mí! ¿Qué recurso le queda al que perdió la garantía de su crédito? ¿Cómo cobrar la deuda?

¡Y la tristeza de mi corazón dolorido crece con la locura de mi deseo hacia ti! ¡Te busco! ¡Tengo tus promesas! Pero tú, ¿dónde estás?

¡Oh hermanos! ¡os lego la obligación de vengarme del infiel! ¡Que sufra padecimientos como los míos! ¡Que apenas vaya a cerrar los ojos para el sueño, se los abra en seguida el insomnio largamente!

¡Por tu amor he sufrido las peores humillaciones! ¡Deseo, pues, que otro en mi lugar goce las mayores satisfacciones a costa tuya!

¡Hasta hoy me ha tocado padecer por su amor! ¡Pero a él, que de mí se burla, le tocará sufrir mañana!

Al oír esto cayó desmayada otra vez la más joven de las hermanas, y su cuerpo apareció señalado por el látigo.

Entonces dijeron los tres saalik: “Más nos habría valido no entrar en esta casa, aunque hubiéramos pasado la noche sobre un montón de escombros, porque este espectáculo nos apena de tal modo, que acabará por destruirnos la espina dorsal”. Entonces el califa, volviéndose hacia ellos, les dijo: “¿Y por qué es eso?” Y contestaron: “Porque nos ha emocionado mucho lo que acaba de ocurrir”. Y el califa les preguntó: “¿De modo, que no sois de casa?” Y contestaron: “Nada de eso. El que parece serlo es ese que está a tu lado”. Entonces exclamó el mandadero: “¡Por Àlah! Esta noche he entrado en esta casa por primera vez, y mejor habría sido dormir sobre un montón de piedras”.

Entonces dijeron: “Somos siete hombres, y ellas sólo son tres mujeres. Preguntemos la explicación de lo ocurrido, y si no quieren contestarnos de grado, que lo hagan a la fuerza”. Y todos se concertaron para obrar de ese modo, menos el visir, que les dijo: “¿Creéis que vuestro propósito es justo y honrado? Pensad que somos sus huéspedes, nos han impuesto condiciones y debemos cumplirlas. Además, he aquí que se acaba la noche, y pronto irá cada uno a buscar su suerte por el camino de Alah”. Después guiñó el ojo al califa, y llevándole aparte, le dijo: “Sólo nos queda que permanecer aquí una hora. Te prometo que mañana pondré entre tus manos a estas jóvenes, y entonces les podrás preguntar su historia”.

Pero el califa rehusó y dijo: “No tengo paciencia para aguardar a mañana”. Y siguieron hablando todos, hasta que acabaron por preguntarse: “¿Cuál de nosotros les dirigirá la pregunta?” Y algunos opinaran que eso le correspondía al mandadero.

A todo esto, las jóvenes les preguntaron: “¿De qué habláis, buena gente?” Entonces el mandadero se levantó, se puso delante de la mayor de las tres hermanas, y le dijo: “¡Oh soberana mía! En nombre de Alah te pido y te conjuro, de parte de todos los convidados, que nos cuentes la historia de esas dos perras negras, y por qué las has castigado tanto, para llorar después y besarlas. Y dinos también, para que nos enteremos, la causa de esas huellas de latigazos que se ven en el cuerpo de tu hermana. Tal es nuestra petición. Y ahora, ¡que la paz sea contigo!”

Entonces la joven les preguntó a todos: “¿Es cierto lo que dice este mandadero en vuestro nombre?” Y todos, excepto el visir, contestaron: “Cierto es”. Y el visir no dijo ni una palabra.

Entonces la joven, al oír su respuesta, les dijo: “¡Por Alah, huéspedes míos! Acabáis de ofendernos de la peor manera. Ya se os advirtió oportunamente que si alguien hablaba de lo que no le importase, oiría lo que no le había de gustar. ¿No os ha bastado entrar en esta casa y comeros nuestras provisiones? Pero no tenéis vosotros la culpa, sino nuestra hermana, por haberos traído”.

Y dicho esto, se remangó el brazo, dió tres veces con el pie en el suelo, y gritó: “¡Hola! ¡Venid en seguida!” E inmediatamente se abrió uno de los roperos cubiertos por cortinajes, y aparecieron siete negros, altos y robustos, que blandían agudos alfanjes. Y la dueña les dijo: “Atad los brazos a esa gente de lengua larga, y amarradlos unos a otros”. Y ejecutada la orden, dijeron los negros: “¡Oh señora nuestra! ¡Oh flor oculta a las miradas de los hombres! ¿nos permites que les cortemos la cabeza?” Y ella contestó: “Aguardad una hora, que antes de degollarlos los he de interrogar para saber quiénes son”.

Entonces exclamó el mandadero: “¡Por Alah, oh señora mía!, no me mates por el crimen de estos hombres. Todos han faltado y todos han cometido un acto criminal, pero yo no. ¡Por Alah! ¡Qué noche tan dichosa y tan agradable habríamos pasado, si no hubiésemos visto a estos malditos saalik! Porque estos saalik de mal agüero son capaces de destruir la más floreciente de las ciudades sólo con entrar en ella”.

¡Qué hermoso es el perdón del fuerte! ¡Y sobre todo, qué hermoso cuando se otorga al indefenso!

 ¡Yo te conjuro por la inviolable amistad que existe entre los dos; no mates al inocente por causa del culpable!

Cuando el mandadero acabó de recitar, la joven se echó a reír. En este momento de su narración, Schehrazada vió aproximarse la mañana y se calló discretamente.

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que cuando la bruja cogió un poco de agua y pronunció unas palabras misteriosas, los peces empezaron a agitarse, irguiendo la cabeza, y acabaron por con vertirse en hijos de Adán, y en la hora y en el instante se desató la magia que sujetaba a los habitantes de la ciudad. Y la ciudad se convirtió en una población floreciente, con magníficos zocos bien construídos y cada habitante se puso a ejercer su oficio. Y las montañas volvieron a ser islas como en otro tiempo. Y hete aquí todo lo que hubo respecto a esto. Por lo que se refiere a la bruja ésta volvió junto al rey, y como le seguía tomando por el negro, le dijo: “¡Oh querido mio!, dame tu mano generosa para besarla”. Y el rey le respondió en voz baja: “Acércate más a mí”. Y ella se aproximó. Y el rey cogió de pronto su buena espada, y le atravesó el pecho con tal fuerza, que la punta le salió por la espalda. Después, dando un tajo, la partió en dos mitades.
Hecho esto salió en busca del joven encantado, que le esperaba de pie. Entonces le felicitó por su desencantamiento, y el joven le besó la mano, y le dió efusivamente las gracias. Y le dijo el rey: “¿Quie res marchar a tu ciudad, o acompañarme a la mía?” Y el joven contestó: “¡Oh, rey de los tiempos! ¿sabes cuánta distancia hay de aquí a tu ciudad?” Y dijo el rey: “Dos días y medio”. Entonces le dijo el joven: “¡Oh rey! si estás durmiendo, despierta. Para ir a tu capital emplearás, con la voluntad de Alah, todo un año. Si llegaste aquí en dos días y medio, fué porque esta población estaba encantada. Y cuenta, ¡oh rey! que no he de apartarme de ti ni siquiera el instante que dura un parpadeo”. El rey se alegró al oírlo, y dijo: “Bendigamos a Alah, que ha dispuesto te encontrase en mi camino. Desde hoy serás mi hijo, ya que Alah no me los ha querido dar hasta ahora”. Y se echaron uno en brazos del otro, y se alegraron hasta el límite de la alegría.
Dirigiéronse entonces al palacio del rey que había estado encantado. Y el joven anunció a los notables de su reino que iba a partir para la santa peregrinación a la Meca. Y hechos los preparativos ne cesarios, partieron él y el rey, cuyo corazón anhelaba el regreso a su país, del que estaba ausente hacía un año. Marcharon, pues, llevando cincuenta mamalik (Mamelucos, soldados esclavos) cargados de regalos. Y no dejaron de viajar día y noche durante un año entero, hasta que avistaron la ciudad. El visir salió con los soldados al encuentro del rey, muy satisfecho de su regreso, pues había llegado a temer no verle más. Y los soldados se acercaron, y besaron la tierra entre sus manos, y le dieron la bienvenida. Y entró en el palacio y se sentó en su trono. Después llamó al visir y le puso al corriente de cuanto le había ocurrido. Cuando el visir supo la historia del joven, le dió la enhorabuena por su desencantamiento y su salvación.
Mientras tanto, el rey gratificó a muchas personas, y después dijo al visir: “Que venga aquel pescador que en otro tiempo me trajo los peces”. Y el visir mandó llamar al pescador que había sido causa del desencantamiento de los habitantes de la ciudad. Y cuando se presentó le ordenó el rey que se acercase, y le regaló trajes de honor, preguntándole acerca de su manera de vivir y si tenía hijos. Y el pescador dijo que tenía un hijo y dos hijas. Entonces el rey se casó con una de sus hijas, y el joven se casó con la otra. Después el rey conservó al pescador a su lado y le nombró tesorero general.
En seguida envió a su visir a la ciudad del joven, situada en las Islas Negras, y le nombró sultán de aquellas islas, escoltándole los cincuenta mamalik con numerosos trajes de honor para todos aquellos emires. El visir, al despedirse, besó ambas manos del sultán y salió para su destino. Y el rey y el joven siguieron juntos, muy felices con sus esposas, las dos hijas del pescador, gozando una vida de venturosa tranquilidad y cordial esparcimiento. En cuanto al pescador, nombrado tesorero general, se enriqueció mucho y llegó a ser el hombre más rico de su tiempo. Y todos los días veía a sus hijas, que eran esposas de reyes. ¡Y en tal estado, después de numerosos años completos, fué a visitarles la Separadora de los amigos, la Inevitable, la Silenciosa, la Inexorable! ¡Y ellos murieron!

Pero no creais que esta historia–prosiguió Schehrazada– sea más maravillosa que la del mandadero.

 HISTORIA DEL MANDADERO Y LAS TRES DONCELLAS

Había en la ciudad de Bagdad un hombre que era soltero y además mozo de cordel.
Un día entre los días, mientras estaba en el zoco, indolentemente apoyado en su espuerta, se paró delante de él una mujer con un ancho manto de tela de Mussul, en seda sembrada de lentejuelas de oro y forro de brocato. Levantó un poco el velillo de la cara y aparecieron por debajo dos ojos negros con largas pestañas y ¡qué párpados! Era esbelta, sus manos y sus pies muy pequeños, y reunía, en fin, un conjunto de perfectas cualidades. Y dijo con su voz llena de dulzura: “¡Oh mandadero! coge la espuerta y sígueme”. Y el mandadero, sorprendidísimo, no supo si había oído bien, pero cogió la espuerta y siguió a la joven, hasta que se detuvo a la puerta de una casa. Llamó y salió un nusraní,(nazareno, cristiano) que por un dinar le dió una medida de aceitunas, y ella las puso en la espuerta, diciendo al mozo: “Lleva eso y sígueme”.
Y el mandadero exclamó: “¡Por Alah! ¡Bendito día!” Y cogió otra vez la espuerta y siguió a la joven. Y he aquí que se paró ésta en la frutería y compró manzanas de Siria, membrillos osmani, melocotones de Omán, jazmines de Alepo, nenúfares de Damasco, cohombros del Nilo, limones de Egipto, cidras sultaní, bayas de mirto, flores de henné, anémonas rojas de color de sangre, violetas, flores de granado y narcisos. Y lo metió todo en la espuerta del mandadero, y le dijo: “Llévalo”. Y él lo llevó, y la siguió hasta que llegaron a la carnicería, donde dijo la joven: “Corta diez artal de carne”.(1 )
Y el carnicero cortó los diez artal, y ella los envolvió en hojas de banano, los metió en la espuerta, y dijo: “Llévalo, ¡oh mandadero!” Y él lo llevó así, y la siguió hasta encontrar un vendedor de almendras, al cual compró la joven toda clase de almendras, diciendo al mozo: “Llévalo y sígueme”. Y cargó otra vez con la espuerta y la siguió hasta llegar a la tienda de un confitero, y allícompró ella una bandeja y la cubrió de cuanto había en la confitería: enrejados de azúcar con manteca, pastas aterciopeladas perfumadas con almizcle y deliciosamente rellenas, bizcochos llamados sabun, pastelillos, tortas de limón, confituras sabrosas, dulces llamados muchabac, bocadillos huecos llamados lucmet–el–kadí, otros cuyo nombre es assabihzeinab, hechos con manteca, miel y leche. Después colocó todas aquellas golosinas en la bandeja, y la bandeja encima de la espuerta.
Entonces el mandadero dijo: “Si me hubieras avisado habría alquilado una mula para cargar tanta cosa”. Y la joven sonrió al oírlo. Después se detuvo en casa de un destilador y compró diez clases de aguas: de rosas, de azahar y otras muchas, y varias bebidas embriagadoras, como asimismo un hisopo para aspersiones de agua de rosas almizclada, granos de incienso macho, palo de áloe, ámbar gris y almizcle, y finalmente velas de cera de Alejandría.

(1) Artal, plural de ratl, peso que varía, según las comarcas, entre dos onzas y doce

Todo lo metió en la espuerta, y dijo al mozo: “Lleva la espuerta y sígueme”. Y el mozo la siguió, llevando siempre la espuerta, hasta que la joven llegó a un palacio, todo de mármol, con un gran patio que daba al jardín de atrás. Todo era muy lujoso, y el pórtico tenía dos hojas de ébano, adornadas con chapas de oro rojo.
La joven llamó, y las dos hojas de la puerta se abrieron. El mandadero vió entonces que había abierto la puerta otra joven, cuyo talle, elegante y gracioso, era un verdadero modelo, especialmente por sus pechos redondos y salientes, su gentil apostura, su belleza y todas las perfecciones de su talle y de todo lo demás. Su frente era blanca como la primera luz de la luna nueva, sus ojos como los ojos de las gacelas, sus cejas como la luna creciente del Ramadán, sus mejillas como anémonas, su boca como el sello de Soleimán, su rostro como la luna llena al salir, sus dos pechos como granadas gemelas. En cuanto a su vientre juvenil, elástico y flexible, se ocultaba bajo la ropa como una carta preciada bajo el rollo que la envuelve.
Por eso, a su vista, notó el mozo que se le iba el juicio y que la espuerta se le venía al suelo. Y dijo para sí: “¡Por Alah! ¡En mi vida he tenido un día tan bendito como el de hoy!”
Entonces esta joven tan admirable dijo a su hermana la proveedora y al mandadero: “¡Entrad, y que la acogida aquí sea para vosotros tan amplia como agradable!”
Y entraron, y acabaron por llegar a una sala espaciosa que daba al patio, adornada con brocados de seda y oro, llena de lujosos muebles con incrustaciones de oro, jarrones, asientos esculpidos, cortinas y unos roperos cuidadosamente cerrados.
En medio de la sala había un lecho de mármol incrustado con perlas y esplendorosa pedrería, cubierto con un dosel de raso rojo. Sobre él estaba extendido un mosquitero de fina gasa, también rojo, y en el lecho había una joven demaravillosa hermosura, con ojos babilónicos, un talle esbelto como la letra aleph, y un rostro tan bello, que podía envidiarlo el sol luminoso. Era una estrella brillante, una noble hermosura de Arabia, como dijo el poeta:

¡El que mida tu talle, ¡oh joven! y lo compare por su esbeltez con la delicadeza de una rama flexible, juzga con error a pesar de su talento! ¡Porque tu talle no tiene igual, ni tu cuerpo un hermano!

¡Porque la rama sólo es linda en el árbol y estando desnuda! ¡Mientras que tú eres hermosa de todos modos, y las ropas que te cubren son únicamente una delicia más!

Entonces la joven se levantó, y llegando junto a sus hermanas, les dijo: “¿Por qué permanecéis quietas? Quitad la carga de la cabeza de ese hombre”. Entonces entre las tres le aliviaron del peso. Vaciaron la espuerta, pusieron cada cosa en su sitio, y entregando dos dinares al mandadero, le dijeron: “¡Oh mandadero! vuelve la cara y vete inmediatamente”. Pero el mozo miraba a las jóvenes, encantado de tanta belleza y tanta perfección, y pensaba que en su vida había visto nada semejante. Sin embargo, chocábale que no hubiese ningún hombre en la casa. En seguida se fijó en lo que allí había de bebidas, frutas, flores olorosas y otras cosas buenas, y admirado hasta el límite de la admiración, no tenía maldita la gana de marcharse.
Entonces la mayor de las doncellas le dijo: “¿Por qué no te vas? ¿Es que te parece poco el salario?” Y se volvió hacia su hermana, la que había hecho las compras, y le dijo: “Dale otro dinar”. Pero el mandadero replicó: “¡Por Alah, señoras mías! Mi salario suele ser la centésima parte de un dinar, por lo cual no me ha parecido escasa la paga. Pero mi corazón está pendiente de vosotras. Y me pregunto cuál puede ser vuestra vida, ya que vivís en esta soledad, y no hay hombre que os haga compañía.
¿No sabéis que un minarete sólo vale algo con la condición de ser uno de los cuatro de la mezquita? Pero ¡oh señoras mías! no sois más que tres, y os falta el cuarto. Ya sabéis que la dicha de las mujeres nunca es perfecta si no se unen con los hombres. Y, como dice el poeta, un acorde no será jamás armonioso como no reúnan cuatro instrumentos: el arpa, el laúd, la cítara y la flauta. Vosotras, ¡oh señoras mías! sólo sois tres, y os falta el cuarto instrumento: la flauta. ¡Yo seré la flauta y me conduciré como hombre prudente, lleno de sagacidad e inteligencia, artista hábil que sabe guardar un secreto!”
Y las jóvenes le dijeron: “¡Oh mandadero! ¿no sabes tú que somos vírgenes? Por eso tenemos miedo de fiarnos de algo. Porque hemos leído lo que dicen los poetas:

“Desconfía de toda confidencia, pues un secreto revelado es secreto perdido” .

Pero el mandadero exclamó: “¡Juro por vuestra vida, ¡oh señoras mías! que yo soy un hombre prudente, seguro y leal! He leído libros y he estudiado crónicas. Sólo cuento cosas agradables, callándome cuidadosamente las cosas tristes. Obro en toda ocasión según dice el poeta:

¡Sólo el hombre bien dotado sabe callar el secreto! ¡Sólo los mejores entre los hombres saben cumplir sus promesas!

¡Yo encierro los secretos en una casa de sólidos candados, donde la llave se ha perdido y la puerta está sellada!”

Y escuchando los versos del mandadero, muchas otras estrofas que recitó y sus improvisaciones rimadas, las tres jóvenes se tranquilizaron; pero para no ceder en seguida, le dijeron: “Sabe, ¡oh mandadero! que en este palacio hemos gastado el dinero en enormes cantidades. ¿Llevas tú encima con qué indemnizarnos? Sólo te podremos invitar con la condición de que gastes mucho oro. ¿Acaso no es tu deseo permanecer con nosotras, acompañarnos a beber, y singularmente hacernos velar toda la noche, hasta que la aurora bañe nuestros rostros?” Y la mayor de las doncellas añadió: “Amor sin dinero no puede servir de buen contrapeso en el platillo de la balanza”. Y la que había abierto la puerta dijo: “Si no tienes nada, vete sin nada”. Pero en aquel momento intervino la proveedora, y dijo: “¡Oh hermanas mías! Dejemos eso, ¡por Alah!, pues este muchacho en nada ha de amenguarnos el día. Además, cualquier otro hombre no habría tenido con nosotras tanto comedimiento. Y cuanto le toque pagar a él, yo lo abonaré en su lugar”.
Entonces el mandadero se regocijó en extremo, y dijo a la que le había defendido: “¡Por Alah! A ti te debo la primera ganancia del día”. Y dijeron las tres: “Quédate, ¡oh buen mandadero! y te tendremos sobre nuestras cabezas y nuestros ojos”. Y en seguida la proveedora se levantó y se ajustó el cinturón. Luego dispuso los frascos, clasificó el vino por decantación, preparó el lugar en que habían de reunirse cerca del estanque, y llevó allí cuanto podían necesitar. Después ofreció el vino y todo el mundo se sentó, y el mandadero en medio de ellas, en el vértigo, pues se figuraba estar soñando.
Y he aquí que la proveedora ofreció la vasija del vino y llenaronla copa y la bebieron, y así por segunda y por tercera vez. Después la proveedora la llenó de nuevo y la presentó a sus hermanas, y luego al mandadero. Y el mandadero, extasiado, improvisó esta composición rimada:

¡Bebe este vino! ¡El es la causa de toda nuestra alegría! ¡El da al que lo bebe fuerzas y salud! ¡El es el único remedio que cura todos los males!

¡Nadie bebe el vino, origen de toda alegría, sin sentir las emociones más gratas! ¡La embriaguez es lo único que puede saturarnos de voluptuosidad!

Después besó las manos de las tres doncellas, y vació la copa. En seguida, aproximándose a la mayor, dijo: “¡Oh señora mía! Soy tu esclavo, tu cosa y tu propiedad!” Y recitó estas estrofas. en honor suyo:

¡A tu puerta espera de pie un esclavo de tus ojos, acaso el más humilde de tus esclavos!

¡Pero conoce a su dueña! ¡El sabe cuánta es su generosidad y sus beneficios! ¡Y sobre todo, sabe cómo se lo ha de agradecer!

Entonces ella le dijo, ofreciéndole la copa: “Bebe, ¡oh amigo mío! y que la bebida te aproveche y la digieras bien. Que ella te dé fuerzas para el camino de la verdadera salud”.
Y el mandadero cogió la copa, besó la mano a la joven, y con una voz dulce y modulada ‘cantó quedamente estos versos:
¡Yo ofrezco a mi amiga (1) un vino resplandeciente como sus mejillas, mejillas tan luminosas, que sólo la caridad de una llama podría compararse con su espléndida vida!

(1) En el texto original “mi amigo”. Los poetas árabes, por eufemismo, usan casi siempre el género masculino al hablar de sus amadas. (2)En árabe, se emplea la palabra alma, queriendo decir “uno mismo”, “una misma”, etc
Ella se digna aceptarlo, pero me dice muy risueña: “¿Cómo quieres que beba mis propias mejillas?”
Y yo le digo: “; Bebe, oh llama de mi corazón! ¡Este licor son mis lágrimas, su color rojo, mi sangre, y su mezcla en la copa, estoda mi alma!”

Entonces la joven cogió la copa de manos del mandadero, se la llevó a los labios y después fue a sentarse junto a sus hermanas. Y todos empezaron a cantar, a danzar y a jugar con las flores exquisitas. Y mientras tanto, el mozo las abrazaba y las besaba. Y una le dirigía chanzas, otra lo atraía hacia ella, y la otra le golpeaba con las flores. Y siguieron bebiendo, hasta que el vino se les subió a la cabeza. Cuando el vino reinó por completo, la joven que había abierto la puerta se levantó, se quitó to a a ropa y se quedó desnuda. Y de un salto echó su alma(2) en el estanque y se puso a jugar con el agua, se llenó de ella la boca y roció ruidosamente al mandadero. Esto no le estorbaba para que el agua corriese por todos sus miembros y por entre sus muslos juveniles. Después salió del estanque, se echó sobre el pecho del mandadero, y extendiéndose luego boca arriba, dijo señalando a la cosa situada entre sus muslos: “¡Oh mi querido! ¿Sabes cómo se llama esto?”
Y contestó el mozo: “¡Ah …! ¡ah … ! ordinariamente suele llamarse la casa de la misericordia”.
Pero ella exclamó: “¡Yu! ¡Yu! ¿No te da vergüenza tu ignorancia?” Y le cogió del pescuezo y empezó a darle golpes.
Entonces dijo él: “¡Basta! ¡basta! Se llama la vulva”. Y repitió ella: “Tampoco es así”. Y el mandadero dijo: “Pues tu pedazo de atrás”. Y ella repitió: “Otra cosa”. Y dijo él: “Es tu zángano”. Pero ella, al oírlo, golpeó al joven con tal fuerza, que le arañó la piel. Y entonces él dijo: “Pues dime cómo se llama”. Y ella contestó: “La albahaca de los puentes”. Y exclamó el mozo: “¡Ya era hora! ¡Alabado sea Alah! y él te guarde, ¡oh mi albahaca de los puentes!”
Después volvió a circular la copa y la subcopa. En seguida la segunda joven se desnudó y se metió en el estanque, e hizo lo mismo que su hermana. Salió después, se echó en el regazo del mozo, y señalando con el dedo hacia sus muslos y a la cosa situada entre los muslos, preguntó: “¿Cuál es el nombre de esto, luz de mis ojos?” Y él dijo: “Tu grieta”. Pero ella exclamó: “¡Qué palabras tan abominables dice este hombre!” Y le abofeteó con tal furia, que retembló toda la sala. Y después dijo él: “Entonces será la albahaca de los puentes”. Pero ella replicó: “No es eso, no es eso”. Y volvió a darle golpes. Entonces preguntó el mozo: “¿Pues cuál es su nombre?” Y contestó ella: “El sésamo descortezado”. Y él exclamó: “¡Para ti sean, ¡oh el más descortezado entre los sésamos! las mejores bendiciones!”
Después se levantó la tercera joven, se desnudó y se metió en el estanque, donde hizo como sus hermanas, y luego se vistió, y fue a tenderse entre las piernas del mandadero, y le dijo, señalando hacia sus partes delicadas: “Adivina su nombre”. Entonces él le dijo: “Se llama, esto, se llama lo otro”.
Y numerando con los dedos, decía: “El estornino mudo, el conejo sin orejas, el polluelo sin voz, el padre de la blancura, la fuente de las gracias”. Y por fin, en vista de sus protestas, acabó preguntando, para que no le pegara más: “¿Pues cuál es su nombre?”
Y ella contestó: “El khan (la posada) de Aby–Mansur”.
Entonces el mandadero se levantó, se despojó de sus vestiduras y se metió en el agua. ¡Y su espalda sobrenadaba majestuosa en la superficie! Se lavó todo el cuerpo como se habían lavado las doncellas, y después salió del baño y fue a echarse en el regazo de la más joven, apoyó los pies en el regazo de la otra hermana, y señalando a su virilidad, preguntó a la mayor de todas: “¿Sabes, ¡oh soberana mía! cuál es su nombre?”
Al oír estas palabras, las tres se echaron a reír tan a gusto, que cayeron sobre sus posaderas, y exclamaron: “¡Tu zib!” Y él dijo: “No es eso, no es eso”. Y les dió a cada una un mordisco. Entonces dijeron: “¡Tu herramienta!” Y él contestó: “Tampoco es eso”. Y a cada una les dió un pellizco en un seno. Y ellas, asombradas, replicaron: “Sí que es tu herramienta, porque está ardiente; sí que es tu zib, porque se mueve”. Y el mozo seguía negando, con un movimiento de cabeza, y luego las besaba, las mordía, las pellizcaba y las abrazaba, y ellas reían a más no poder, hasta que acabaron por decirle: “¿Cómo se llama, pues?” Entonces él meditó un momento, se miró entre los muslos, guiñó los ojos, y señalando a su zib, dijo: “¡Oh señoras mías! vais a oír lo que acaba de decirme este niño: “Me llaman el macho poderoso y sin castrar, que pace la albahaca de los puentes, se deleita con raciones de sésamo descortezado y se alberga en la posada de Aby–Mansur”.
Y se rieron las tres tan descompasadamente al oírle, que de nuevo doblaron sobre sus partes traseras. Después siguieron bebiendo en la misma copa hasta que comenzó a anochecer.
Las jóvenes dijeron al mandadero: “Ahora vuelve la cara y vete, y así veremos la anchura de tus hombros”. Pero el mozo exclamó: “¡Por Alah, señoras mías! ¡Más fácil sería a mi alma salir del cuerpo, que a mí dejar esta casa! ¡Juntemos esta noche con el día, y mañana podrá cada uno ir en busca de su destino por el camino de Alah!”
Entonces intervino nuevamente la joven proveedora: “Hermanas, por vuestra vida, invitémosle a pasar la noche con nosotras y nos reiremos mucho con él, porque es una mala persona sin pudor, y además muy gracioso”. Y dijeron entonces al mandadero: “Puedes pasar aquí la noche con la condición de estar bajo nuestro dominio y no pedir ninguna explicación sobre lo que veas ni sobre cuanto ocurra”. Y él respondió: “Así sea, ¡oh señoras mías!” Y ellas añadieron: “Levántate y lee lo que está escrito encima de las puertas”. Y él se levantó, y encima de la puerta vió las siguientes palabras, escritas con letras de oro:

No hables nunca de lo que no te importe si no oirás cosas que no te gusten.

Y el mandadero dijo: “¡Oh señoras mías! os pongo por testigo de que no he de hablar de lo que no me importe”.
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Schehrazada dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que el joven encantado dijo al rey:
“Al herir al negro para cortarle la cabeza, corté efectivamente su piel y su carne, y creí que lo había matado, porque lanzó un estertor horrible. Y a partir de ese momento, nada sé sobre lo que ocurrió. Pero al día siguiente, vi que la hija de mi tío se había cortado el pelo y se había vestido de luto. Después me dijo: “¡Oh hijo de mi tío! No censures lo que hago, porque acabo de saber que se ha muerto mi madre, que a mi padre lo han matado en la guerra santa, que uno de mis hermanos ha fallecido de picadura de escorpión y que el otro ha quedado enterrado bajo las ruinas de un edificio; de modo que tengo motivos para llorar y afligirme”. Fingiendo que la creía, le dije: “Haz lo que creas conveniente, pues no he de prohibírtelo”. Y permaneció encerrada con su luto, con sus lágrimas y sus accesos de dolor durante todo un año, desde su comienzo hasta el otro comienzo.
Y transcurrido el año, me dijo: “Deseo construir para mí una tumba en este palacio; allí podré aislarme con mi soledad y mis lágrimas, y la llamaré la Casa de los Duelos”. Yo le dije: “Haz lo que tengas por conveniente”. Y se mandó construir esta Casa de los Duelos, coronada por una cúpula, y conteniendo un subterráneo como una tumba. Después transportó allí al negro, que no había muerto, pues sólo había quedado muy enfermo y muy débil, aunque en realidad ya no le podía servir de nada a la hija de mi tío. Pero esto no le impedía estar bebiendo a todas horas vino y buza. Y desde el día en que le herí no podía hablar y seguía viviendo, pues no le había llegado todavía su hora.
Ella iba a verlo todos los días, entrando en la cúpula, y sentía a su lado accesos de llanto y de locura, y le daba bebidas y condimentos. Así hizo, por la mañana y por la noche, durante todo otro año. Yo tuve paciencia durante este tiempo; pero un día, entrando de improviso en su habitación, la oí llorar y arañarse la cara y decir amargamente estos versos:

¡Partiste, ¡oh muy amado mío! y he abandonado a los hombres y vivo en la soledad, porque mi corazón no puede amar nada desde que partiste, ¡oh muy amado mío!

¡Si vuelves a pasar cerca de tu muy amada, recoge por favor sus despojos mortales, en recuerdo de su vida terrena, y dales el reposo en la tumba donde tú quieras, pero cerca de ti, si vuelves a pasar cerca de tu muy amada!

¡Que tu voz se acuerde de mi nombre de otro tiempo para hablarme en la tumba! ¡Oh, pero en mi tumba sólo oirás el triste sonido de mis huesos al chocar unos con otros!

Cuando hubo terminado su lamentación, desenvainé la espada, y le dije: “¡Oh traidora! sólo hablan así las infames que reniegan de sus amores y pisotean el cariño”. Y levantando el brazo, me disponía a herirla, cuando ella, descubriendo entonces que había sido yo quien hirió al negro, se puso de pie, pronunciando unas palabras misteriosas, y dijo: “Por la virtud de mi magia, que Alah te convierta mitad piedra y mitad hombre”. E inmediatamente, señor, quedé como me ves. Y ya no puedo valerme ni hacer un movimiento, de suerte que no estoy ni muerto ni vivo. Después de ponerme en tal estado, encantó las cuatro islas de mi reino, convirtiéndolas en montañas, con ese lago en medio de ellas, y a mis súbditos los transformó en peces. Pero hay más. Todos los días me tortura azotándome con una correa, dándome cien latigazos, hasta que me hace sangrar. Y después me pone sobre las carnes una camisa de crin, cubriéndola con la ropa”.
El joven se echó entonces a llorar y recitó estos versos:

¡Aguardando tu sentencia y tu justicia, ¡oh mi señor! sufro pacientemente, pues tal es tu voluntad!
¡Pero me ahogan mis desgracias! ¡Y sólo puedo recurrir a ti, ¡oh, Señor! ¡oh Alah, adorado por nuestro bendito Profeta!

El rey dijo entonces al joven: “Has añadido una pena a mis penas; pero dime, ¿dónde está esa mujer?” Y respondió el mancebo: “En la tumba, donde está el negro, debajo de la cúpula. Todos los días viene a esta habitación, me desnuda, y me da cien latigazos, y yo lloro y grito, sin poder hacer un movimiento para defenderme. Después de martirizarme, se va junto al negro, llevándole vinos y licores hervidos”. Entonces exclamó el rey: “¡Oh excelente joven! ¡Por Alah ! voy a hacerte un favor tan memorable, que después de mi muerte pasará al dominio de la Historia”. Y ya no añadió más, y siguió la conversación hasta que se acercó la noche. Después se levantó el rey y aguardó que llegase la hora nocturna de las brujas. Entonces se desnudó, volvió a ceñirse la espada, y se fué hacia el sitio donde se encontraba el negro. Había allí velas y farolillos colgados, y también perfumes, incienso y distintas pomadas. Se fué derechamente al negro, le hirió, le atravesó y le hizo vomitar el alma. En seguida se lo echó a los hombros y lo arrojó al fondo de un pozo que había en el jardín. Después volvió a la cúpula, se vistó con las ropas del negro, y se paseó durante un instante, a todo lo largo del subterráneo, tremolando en su mano la espada completamente desnuda.
Transcurrida una hora, la desvergonzada bruja llegó a la habitación del joven. Apenas hubo entrado, desnudó al hijo de su tío, cogió el látigo y empezó a pegarle. Entonces él gritaba: “¡No me hagas sufrir más! ¡Bastante terrible es mi desgracia! ¡Ten piedad de mi”. Ella respondió: “¿La tuviste de mí? ¿Respetaste a mi amante? Así, pues, ¡toma, toma!”. Después le puso la túnica de crin, colocándole la otra ropa por encima, e inmediatamente marchó al aposento del negro, llevándose la copa de vino y la taza de plantas hervidas. Y al entrar debajo de la cúpula, se puso a llorar e imploró: “¡0h, dueño mío, háblame, hazme oír tu voz!”. Y recitó dolorosamente estos versos:

¡Oh, corazón mío! ¿ha de durar mucho esta separación tan angustiosa? ¡El amor con que me traspasaste es un tormento que supera mis fuerzas!
¡Hasta cuándo seguirás huyendo de mí! ¡Si sólo querías mi dolor y mi amargura, ya serás feliz, pues bien se han cumplido tus deseos!

Después rompió en sollozos y volvió a implorar: “¡Oh dueño mío! Háblame, que yo te oiga”. Entonces el supuesto negro torció la lengua y empezó a imitar el habla de los negros: “¡No hay fuerza ni poder sin la ayuda de Alah!” La bruja, al oír hablar al negro, después de tanto tiempo, dió un grito de júbilo y cayó desvanecida, pero pronto volvió en sí, y dijo: “¿Es que mi dueño está curado?” Entonces el rey, fingiendo la voz y haciéndola muy débil, dijo: “¡Oh miserable libertina! No mereces que te hable”. Y ella dijo: “¿Pero por qué?” Y él contestó: “Porque siempre estás castigando a tu marido, y él da voces, y esto me quita el sueño toda la noche hasta la mañana. De otro modo ya habría yo recobrado las fuerzas. Eso precisamente me impide contestarte”. Y ella dijo: “Pues ya que tú me lo mandas, lo libraré del estado en que se encuentra”. Y él contestó: “Sí, líbralo y recobraremos la tranquilidad”. Y dijo la bruja: “Escucho y obedezco”. Después salió de la cúpula, marchó al palacio, cogió una taza de cobre llena de agua, pronunció unas palabras mágicas, y el agua empezó a hervir, como hierve en la marmita. Entonces echó un poco de esta agua al joven y dijo: “¡Por la fuerza de mi conjuro, te mando que salgas de esa forma y recuperes la primitiva!” Y el joven se sacudió todo él, se puso de pie, y exclamó muy dichoso al verse libre: “¡No hay más Dios que Alah, y Mohamed es el Profeta de Alah! ¡Sean con El la bendición y la paz de Alah!” Y ella dijo: “¡Vete, y no vuelvas por aquí porque te mataré!”. Y se lo gritó en la cara. Entonces el joven se fue de entre sus manos. Y he aquí todo lo referente a él.
En cuanto ala bruja, volvió en seguida a la cúpula, descendió al subterráneo y dijo: “¡Oh dueño mío! levántate, que te vea yo”. Y el rey contestó muy débilmente: “Aun no has hecho nada. Queda otra cosa para que recobre la tranquilidad. No has suprimido la causa principal de mis males”. Y ella dijo: “¡Oh amado mío! ¿cuál es esa causa principal?” Y el rey contestó: Esos peces del lago, los habitantes de la antigua ciudad y de las cuatro islas, no dejan de sacar la cabeza del agua a medianoche, para lanzar imprecaciones contra ti y contra mí. Y este es el motivo de que no recobre yo las fuerzas. Libértalos, pues. Entonces podrás venir a darme la mano y ayudarme a levantar, porque seguramente habré vuelto a la salud”.
Cuando la bruja oyó estas palabras, que creía del negro, exclamó muy alegre: “¡Oh, dueño mío! pongo tu voluntad sobre mi cabeza, y sobre mis ojos”. E invocando el nombre de Bismillah, se levantó muy dichosa, echó a correr, llegó al lago, cogió un poco de agua y…

En ese momento de la narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afortunado!, que cuando los peces empezaron a hablar, la joven volcó la sartén con la varita, y salió por donde había entrado, cerrándose la pared de nuevo. Entonces el visir se levantó y dijo: “Es esta una cosa que verdaderamente no podría ocultar al rey”. Después se marchó en busca del rey y le refirió lo que había pasado en su presencia. Y mandó llamar al pescador y le ordenó que volviera con cuatro peces iguales a los primeros, para lo cual le dió tres días de plazo. Pero el pescador marchó en seguida al estanque, y trajo inmediatamente los cuatro peces. Entonces el rey dispuso que le dieran cuatrocientos dinares, y volviéndose hacia el visir, le dijo: “Prepara tú mismo delante de mí esos pescados”. Y el visir contestó: “Escucho y obedezco”. Y entonces mandó llevar la sartén delante del rey, y se puso a freír los peces, después de haberlos limpiado bien, y en cuanto estuvieron fritos por un lado, los volvió del otro. Y de pronto se abrió la pared de la cocina y salió un negro semejante a un búfalo entre los búfalos, o a un gigante de la tribu de Had, y llevaba en la mano una rama verde, y dijo con voz clara y terrible: “¡Oh peces! ¡oh peces! ¿Seguís sosteniendo vuestra antigua promesa?”.

Y los peces levantaron la cabeza desde el fondo de la sartén, y dijeron: “Cierto que sí, cierto que sí”. Y declamaron a coro estos versos:

¡Si tú vuelves hacia atrás, nosotros volveremos! ¡Si tú cumples tu promesa, nosotros cumpliremos la nuestra! ¡Pero si te resistes, gritaremos tanto que acabarás por ceder!

Después el negro se acercó a la sartén, la volcó con la rama, y los peces se abrasaron, convirtiéndose en carbón. El negro se fue entonces por el mismo sitio por donde había entrado. Y cuando hubo desaparecido de la vista de todos, dijo el rey: “Es éste un asunto sobre el cual, verdaderamente, no podríamos guardar silencio. Además, no hay duda que estos peces deben tener una historia muy extraña”. Y entonces mandó llamar al pescador, y cuando se presentó el pescador le dijo: “¿De dónde proceden estos peces?” El pescador contestó: “De un estanque situado entre cuatro colinas, detrás de la montaña que domina tu ciudad”. Y el rey, volviéndose hacia el pescador, le dijo: “¿Cuántos días se tarda en llegar a ese sitio?”.

Y dijo el pescador: “¡Oh sultán, señor nuestro! Basta con media hora”.

El sultán quedó sorprendidísimo, y mandó a sus soldados que marchasen inmediatamente con el pescador. Y el pescador iba muy contrariado, maldiciendo en secreto al efrit. Y el rey y todos partieron y subieron a una montaña, y bajaron hasta una vasta llanura que en su vida habían visto anteriormente. Y el sultán y los soldados se asombraron de esta extensión desierta, situada entre cuatro montañas, y de aquel estanque en que jugaban peces de cuatro colores: rojos, blancos, azules y amarillos. Y el rey se detuvo y preguntó a los soldados y a cuantos estaban presentes: “¿Hay alguno de vosotros que haya visto anteriormente ese lago en este lugar?” Y todos respondieron: “¡Oh, no!”. Y el rey dijo: “¡Por Alah! No volveré jamás a mi capital ni me sentaré en el trono de mi reino sin averiguar la verdad sobre este lago y los peces que encierra”. Y mandó a los soldados que cercaran las montañas. Y los soldados así lo hicieron. Entonces el rey llamó a su visir. Porque este visir era hombre sabio, elocuente, versado en todas las ciencias. Cuando se presentó ante el rey, éste le dijo: “Tengo intención de hacer una cosa y voy a enterarte de ella. Deseo aislarme completamente esta noche y marchar yo solo a descubrir el misterio de este lago y sus peces. Por consiguiente, te quedarás a la puerta de mi tienda, y dirás a los emires, visires y chambelanes: “El sultán está indispuesto y me ha mandado que no deje pasar a nadie”. Y a ninguno revelarás mi intención”. De este modo el visir no podía desobedecer.

Entonces el rey se disfrazó, y ciñéndose su espada, se escabulló de entre su gente sin que nadie lo viese. Y estuvo andando toda la noche sin detenerse hasta la mañana, en que el calor, demasiado excesivo, le obligó a descansar. Después anduvo durante todo el resto del día y durante la segunda noche hasta la mañana siguiente. Y he aquí que vió a lo lejos una cosa negra, y se alegró de ello y dijo: “Es probable que encuentre allí a alguien que me contará la historia del lago y sus peces”. Y al acercarse a esta cosa negra vió que aquello era un palacio enteramente construido con piedras negras, reforzado con grandes chapas de hierro, y que una de las hojas de la puerta estaba abierta y la otra cerrada. Entonces se alegró mucho, y parándose ante la puerta, llamó suavemente, pero como no le contestasen llamó por segunda y por tercera vez. Después, y como seguían sin contestar, llamó por cuarta vez, pero con gran violencia, y nadie contestó tampoco. Entonces se dijo: “No hay duda, este palacio está desierto”. Y en seguida, tomando ánimos, penetró por la puerta del palacio y llegó a un pasillo, y allí dijo en alta voz: “¡Ah del palacio! Soy un extranjero, un caminante que pide provisiones para continuar su viaje”.

Después reiteró su demanda por segunda y tercera vez, y como no le contestasen, afirmósu corazón y fortificó su alma, y siguió por aquel corredor hasta el centro del palacio. Y no encontró a nadie. Pero vió que todo el palacio estaba suntuosamente revestido de tapices y que en el centro de un patio interior había un estanque coronado por cuatro leones de oro rojo, de cuyas fauces brotaba un chorro de agua que semejaba perlas y pedrería. En torno veíanse numerosos pájaros, pero no podían volar fuera del palacio, por impedírselo una gran red tendida por encima de todo. Y el rey se maravilló al ver aquellas cosas, aunque afligiéndose por no encontrar a alguien que le pudiese revelar el enigma del lago, de los peces, de las montañas y del palacio. Después se sentó entre dos puertas, y meditó profundamente. Pero de pronto oyó una queja muy débil que parecía brotar de un corazón dolorido, y oyó una voz dulce que cantaba quedamente estos versos:

¡Mis sufrimientos ¡ay! no he podido ocultarlos, y mi mal de amores fué revelado…! ¡Y ahora el sueño se aparta de mis ojos para convertirse en insomnio constante!

¡Oh amor! ¡Viniste al oír mi voz pero cuánta tortura dejaste mis pensamientos          

¡Ten piedad de mí! ¡Déjame gustar del reposo! ¡Y sobre todo, no vayáis a visitar a Aquella que es toda mi alma, para hacerla padecer! ¡Porque Ella es mi consuelo en las penas y peligros!

Cuando el rey oyó estas quejas amargas se levantó y se dirigió hacia el lugar de donde procedían. Llegó hasta una puerta cubierta por un tapiz. Levantó el tapiz, y en un gran salón vió un joven que estaba reclinado en un gran lecho. Este joven era muy hermoso; su frente parecía una flor, sus mejillas igual que la rosa, y en medio de una de ellas tenía un lunar como una gota de ámbar negro.

Ya lo dijo el poeta:

¡El joven es esbelto y gentil! ¡Sus cabellos de tinieblas son tan negros que forman la noche! ¡Su frente es tan blanca que ilumina la noche! ¡Nunca los ojos de los hombres presenciaron una fiesta como el espectáculo de sus gracias!

 ¡Le conocerás entre todos los jóvenes por el lunar que tiene en la rosa de su mejilla, precisamente debajo de uno de sus ojos!

Al verle, el rey, muy complacido, le dijo: “¡La paz sea contigo!”. Y el joven siguió echado en la cama, vistiendo un traje de seda bordado de oro. Con un acento de tristeza que parecía extenderse por to da su persona, devolvió el saludo del rey y le dijo: “¡Oh señor! ¡Perdona que no me pueda levantar!”. Pero el rey contestó: “¡Oh joven! Entérame de la historia de ese lago y de sus peces de colores, así como del misterio de este palacio y de la causa de su soledad y de tus lágrimas”.

Al oírlo, el joven derramó nuevas lágrimas, que corrían a lo largo de sus mejillas, y el rey se asombró y le dijo: “¡Oh joven! ¿qué es lo que te hace llorar?” Y el joven respondió: “¿Cómo no he de llorar, si me veo en este estado?” Y el joven, alargando las manos hacia el borde de su túnica, la levantó. Y entonces el rey vió que toda la mitad inferior del joven era de mármol, y la otra mitad, desde el ombligo hasta el cabello de la cabeza, era de un hombre. Y el joven dijo al rey: “Sabe, ¡oh señor! que la historia de los peces es una cosa tan extraordinaria, que si se escribiera con una aguja en el ángulo interior del ojo, a fin de que todo el mundo la viera, sería una gran lección para el observador cuidadoso”.

Y el joven contó la historia que sigue:

 HISTORIA DEL JOVEN ENCANTADO Y DE LOS PECES

Sabe, ¡oh señor! que mi padre era rey de esta ciudad. Se llamaba Mahmud, y era rey de las Islas Negras y de estas cuatro montañas. Mi padre reinó setenta años, y después se extinguió en la misericordia del Retribuidor. Después de su muerte, fui yo sultán y me casé con la hija de mi tía. Me quería con amor tan poderoso, que si por casualidad tenía que separarme de ella, no comía ni bebía hasta mi regreso. Y así siguió bajo mi protección durante cinco años, hasta que fue un día al hammam, después de haber mandado al cocinero que preparase los manjares para nuestra cena. Entré en el palacio y reclinándome en el lugar de costumbre, mandé a dos esclavas que me hicieran aire con los abanicos. Una se puso a mi cabeza y otra a mis pies. Pero pensando en la ausencia de mi esposa, se apoderó de mí el insomnio, y no pude conciliar el sueño, porque ¡si mis ojos se cerraban, mi alma permanecía en vela! Oí entonces a la esclava que estaba detrás de mi cabeza hablar de este modo a la que estaba a mis pies: “¡Oh Masauda! ¡Qué desventurada juventud la de nuestro dueño! ¡Qué tristeza para él tener una esposa como nuestra ama, tan pérfida y tan criminal!”. Y la otra respondió: ¡Maldiga Alah a las mujeres adúlteras! Porque esa infame nunca podrá tener un hombre mejor que nuestro dueño, y sin embargo, se pasa las noches en el lecho de unos y otros”. Y la primera esclava dijo: “Nuestro dueño debe de ser muy impasible cuando no hace caso de las acciones de esa mujer”. Y repuso la otra: “¿Pero qué dices? ¿Puede sospechar siquiera nuestro amo lo que hace ella? ¿Crees que la dejaría en libertad de obrar así? Has de saber que esa pérfida pone siempre algo en la copa en que bebe nuestro amo todas las noches antes de acostarse. Le echa banj ( Bang o Bani. Haschis, mariguana o cualquier droga como el extracto de beleño) y le hace dormir con eso. En tal estado, no puede saber lo que ocurre, ni a dónde va ella, ni lo qué hace. Entonces, después de darle a beber el banj, se viste y se va, dejándole solo, y no vuelve hasta el amanecer. Cuando regresa, le quema una cosa debajo de la nariz para que la huela, y así despierta nuestro amo de su sueño”.

En el momento que oí ¡oh señor! lo que decían las esclavas, se cambió en tinieblas la luz de mis ojos. Y deseaba ardientemente que viniera la noche para encontrarme de nuevo con la hija de mi tío. Por fin volvió del hammam. Y entonces se puso la mesa, y estuvimos comiendo durante una hora, dándonos mutuamente de beber, como de costumbre, después pedí el vino que solía beber todas las noches antes de acostarme, y ella me acercó la copa. Pero yo me guardé muy bien de beber, y fingí que la llevaba a los labios, como de costumbre, pero la derramé rápidamente por la abertura de mi túnica, y en la misma hora y en el mismo instante me eché en la cama, haciéndome el dormido. Y ella dijo entonces: “¡Duerme! ¡Y así no te despiertes nunca más! ¡Por Alah, te detesto! Y detesto hasta tu imagen, y mi alma está harta de tu trato”. Después se levantó, se puso su mejor vestido, se perfumó, se ciñó una espada, y abriendo la puerta del palacio se marchó. En seguida me levanté yo también, y la fui siguiendo hasta que hubo salido del palacio. Y atravesó todos los zocos, y llegó por fin hasta las puertas de la ciudad, que estaban cerradas. Entonces habló a las puertas en un lenguaje que no entendí, y los cerrojos cayeron y las puertas se abrieron, y ella salió. Y yo eché a andar detrás de ella, sin que lo notase, hasta que llegó a unas colinas formadas por los amontonamientos de escombros, y a una torre coronada por una cúpula y construida de ladrillos. Ella entró por la puerta, y yo me subí a lo alto de la cúpula, donde había una terraza, y desde allí me puse a vigilarla. Y he aquí que ella entró en la habitación de un negro muy negro. Este negro era horrible, tenía el labio superior como la tapadera de una marmita y el inferior como la marmita misma, ambos tan colgantes, que podían escoger los guijarros entre la arena. Estaba podrido de enfermedades y tendido sobre un montón de cañas de azúcar.

Al verle, la hija de mi tío besó la tierra entre sus manos, y él levantó la cabeza hacia ella, y le dijo: “¡Desdichas sobre ti!” ¿Cómo has tardado tanto? He convidado a los negros, que se han bebido el vino y se han entrelazado ya con sus queridas. Y yo no he querido beber por causa tuya”. Ella contestó: “¡Oh dueño mío, querido de mi corazón! ¿no sabes que estoy casada con el hijo de mi tío, que detesto hasta su imagen y que me horroriza estar con él? Si no fuese por el temor de hacerte daño, hace tiempo que habría derruído toda la ciudad, en la que sólo se oiría la voz de la corneja y el mochuelo, y además habría transportado las ruinas al otro lado del Cáucaso”.

Y contestó el negro: “¡Mientes, infame! Juro por el honor y por las cualidades viriles de los negros, y por nuestra infinita superioridad sobre los blancos, que como vuelvas a retrasarte otra vez, a partir de este día, repudiaré tu trato y no pondré mi cuerpo encima del tuyo. ¡Oh pérfida traidora! De seguro que te has retrasado para saciar en otra parte tus deseos de hembra. ¡Qué basura! ¡Eres la más despreciable de las mujeres blancas!” Después la cogió debajo de él. Y llegó entre ellos aquello que llegó.

Así narraba el príncipe dirigiéndose al rey. Y prosiguió de este modo:

“Cuando oí toda aquella conversación y vi con mis propios ojos eso que siguió entre ambos, el mundo se convirtió en tinieblas para mí y no supe ni dónde estaba. En seguida la hija de mi tío rompió a llorar y a lamentarse humildemente entre las manos del negro, y le decía: “¡Oh, amante mío, orgullo de mi corazón! ¡No tengo a nadie más que a ti! ¡Si me despidieses me moriría! ¡Oh, amor mío! ¡Luz de mis ojos”. Y no cesó en su llanto ni en sus súplicas hasta que la hubo perdonado. Entonces, llena de alegría, se levantó, se quitó todos los vestidos, incluso el calzón, y se quedó completamente desnuda. Y dijo después: “Amo mío, ¿tienes con qué alimentar a tu esclava?”. Y contestó el negro: “Levanta la tapadera de la cacerola, allí encontrarás un guisado de huesos de ratones, que ha de satisfacerte. En este jarro que ves ahí hay buza (bebida fermentada de baja calidad muy apreciada por los negros) y la puedes beber”.

Y ella comió y bebió y fué a lavarse las manos. Después se acostó sobre el montón de cañas, y completamente desnuda se acurrucó contra el negro, cubriéndose con unos harapos infectos.

Al ver todas estas cosas que hacía la hija de mi tío, no pude contenerme más, y bajando de la cúpula y precipitándome en la habitación, cogí la espada que llevaba la hija de mi tío, resuelto a matar a ambos.

Y comencé por herir primeramente al negro, dándole un tajo en el cuello, y creí que había perecido”.

En este momento de su narración, Schehrazada vio aproximarse la mañana, y se calló discretamente. Y cuando lució la mañana, Schahriar entró en la sala de justicia, y el diwán estuvo lleno hasta el fin del día. Después el rey volvió a palacio, y Doniazada dijo a su hermana: “Te ruego que prosigas tu relato”. Y ella respondió: “De todo corazón, y como homenaje debido”.

Schehrazada dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que cuando el pescador dijo al efrit: “Si me hubieras conservado, yo te habría conservado, pero no has querido más que mi muerte, y te haré morir prisionero en este jarrón y te arrojaré a ese mar”, entonces el efrit clamó y dijo:

“¡Por Alah sobre ti! ¡oh pescador, no lo hagas! y consérvame generosamente, sin reconvenirme por mi acción, pues si yo fui criminal tú debes ser benéfico, y los proverbios conocidos dicen: “¡Oh tú, que haces bien a quien mal hizo; perdona sin restricciones el crimen del malhechor!”
Y tú, ¡oh pescador!, no hagas conmigo lo que hizo Umama con Atika”. El pescador dijo: “¿Y qué caso fué ese?” Y respondió el efrit: “No es ocasión para contarlo estando encarcelado. Cuando tú me dejes salir, yo te contaré ese caso”. Pero el pescador dijo: “¡Oh, eso nunca! Es absolutamente necesario que yo te eche al mar, sin que tengas medio de salir. Cuando yo supliqué y te imploraba, tú deseabas mi muerte, sin que hubiera cometido ninguna falta contra ti, ni bajeza alguna, sino únicamente favorecerte, sacándote de ese calabozo. He comprendido, por tu conducta conmigo, que eres de mala raza. Pero has de saber que voy a echarte al mar, y enteraré de lo ocurrido a todos los que intenten sacarte, y así te arrojarán de nuevo, y entonces permanecerás en ese mar hasta el fin de los tiempos para disfrutar todos los suplicios”. El efrit le contestó: “Suéltame, que ha llegado el momento de contarte la historia. Además, te prometo no hacerte jamás ningún daño, y te seré muy útil en un asunto que te enriquecerá para siempre”. Entonces el pescador se fijó bien en esta promesa de que si libertaba al efrit, no sólo no le haría jamás daño, sino que le favorecería en un buen negocio. Y cuando se aseguró firmemente de su fe y de su promesa, y le tomó juramento por el nombre de Alah Todopoderoso, el pescador abrió el jarrón. Entonces el humo empezó a subir, hasta que salió completamente, y se convirtió en un efrit, cuyo rostro era espantosamente horrible. El efrit dió un puntapié al jarrón y lo tiró al mar. Cuando el pescador vió que el jarrón iba camino del mar, dió por segura su propia perdición, y orinándose encima, dijo: “Verdaderamente, no es esto una buena señal”. Después intentó tranquilizarse y dijo: “¡Oh efrit! Alah Todopoderoso ha dicho: “Hay que cumplir los juramentos, porque se os exigirá cuenta de ellos”. Y tú prometiste y juraste que no me harías traición. Y si me la hicieses, Alah te castigará, porque es celoso, es paciente y no olvida. Y yo te digo lo que el médico Ruyán al rey Yunán: “Consérvame, y Alah te conservará”.
Al oír estas palabras, el efrit rompió a reír y echando a andar delante de él, dijo: “¡Oh pescador, sígueme!” Y el pescador echó a andar detrás de él, aunque sin mucha confianza en su salvación. Y así salieron completamente de la ciudad, y se perdieron de vista, y subieron a una montaña, y bajaron a una vasta llanura, en medio de la cual había un lago. Entonces el efrit se detuvo, y mandó al pescador que echara la red y pescase. Y el pescador miró a través del agua, y vió peces blancos y peces rojos, azules y amarillos. Al verlos se maravilló el pescador; después echó su red y cuando la hubo sacado encontró en ella cuatro peces, cada uno de color distinto.
Y se alegró mucho, y el efrit le dijo: “Ve con esos peces al palacio del sultán, ofrécelos y te dará con qué enriquecerte. Y, mientras tanto, ¡por Alah!, discúlpame mis rudezas, pues olvidé los buenos modales con mi larga estancia en el fondo del mar, donde me he pasado mil ochocientos años sin ver el mundo ni la superficie de la tierra. En cuanto a ti, vendrás todos los días a pescar a este sitio, pero nada más que una vez. Y ahora, que Alah te guarde con su protección”. Y el efrit golpeó con sus dos pies en tierra, y la tierra se abrió y le tragó.
Entonces el pescador volvió a la ciudad, muy maravillado de lo que le había ocurrido con el efrit. Después cogió los peces y los llevó a su casa, y en seguida, cogiendo una olla de barro, la llenó de agua y colo có en ella los peces, que comenzaron a nadar en el agua contenida en la olla. Después se puso esta olla en la cabeza y se encaminó al palacio del rey, según el efrit le había encargado. Cuando el pescador se presentó al rey y le ofreció los peces, el rey se asombró hasta el límite del asombro al ver aquellos peces que le ofrecía el pescador, porque nunca los había visto en su vida, ni de aquella especie ni de aquella calidad, y dispuso: “Que entreguen esos peces a nuestra cocinera negra”. Porque esta esclava se la había regalado, hacía tres días solamente, el rey de los Rum, y aun no había tenido ocasión de lucirse en su arte de la cocina. Así es que el visir le mandó que friera los peces, y le dijo: “¡Oh buena negra! Me encarga el rey que te diga: “Si te guardo como un tesoro, ¡oh gota de mis ojos! es porque te reservo para el día del ataque.” (Para las grandes ocasiones)
“De modo que demuéstranos hoy tu arte de cocinera y lo bueno de tus platos”. Dicho esto, volvió el visir después de hacer sus encargos, y el rey ordenó que diera al pescador cuatrocientos dinares. Habiéndoselos dado el visir, los guardó el pescador en una halda de su túnica, y volvió a su casa, cerca de su esposa, lleno de alegría y de expansión. Después compró a sus hijos todo lo que podían necesitar. Y hasta aquí es lo que le ocurrió al pescador.
En cuanto a la negra, cogió los peces, los limpió y los puso en la sartén. Después dejó que se frieran bien por un lado y los volvió en seguida del otro. Pero entonces, súbitamente, se abrió la pared de la cocina, y por allí se filtró en la cocina una joven de esbelto talle, mejillas redondas y tersas, párpados pintados con kohl negro, rostro gentil y cuerpo graciosamente inclinado. Llevaba en la cabeza un velo de seda azul, pendientes en las orejas, brazaletes en las muñecas, y en los dedos sortijas con piedras preciosas. Tenía en la mano una varita de bambú.
. Se acercó, y metiendo la varita en la sartén, dijo: “¡Oh peces! ¿seguís sosteniendo vuestra promesa?” Al ver aquello la esclava se desmayó y la joven repitió su pregunta por segunda y tercera vez. Entonces todos los peces levantaron la cabeza desde el fondo de la sartén, y dijeron: “¡Oh, sí… ! ¡Oh, sí… !” Y entonaron a coro la siguiente estrofa:

¡Si tú vuelves sobre tus pasos, nosotros te imitaremos! ¡Si tú cumples tu promesa, nosotros cumpliremos la nuestra! ¡Pero si quisieras escaparte, no hemos de cejar hasta que te declares vencida!

Al oír estas palabras, la joven derribó la sartén, y salió por el mismo sitio por donde había entrado, y el muro de la cocina se cerró de nuevo.
Cuando la esclava volvió de su desmayo, vió que se habían quemado los cuatro peces, y estaban negros como el carbón. Y comenzó a decir: “¡Pobres pescados! ¡Pobres pescados!” Y mientras seguía la mentándose, he aquí que se presentó el visir, asomándose por detrás de su cabeza, y le dijo: “Llévale los pescados al sultán”. Y la esclava se echó a llorar, y le contó al visir la historia de lo que había ocurrido, y el visir se quedó muy maravillado, y dijo: “Eso es verdaderamente una historia muy rara”. Y mandó buscar al pescador, y en cuanto se presentó el pescador, le dijo: “Es absolutamente indispensable que vuelvas con cuatro peces como los que trajiste la primera vez”. Y el pescador se dirigió al estanque, echó su red y la sacó conteniendo cuatro peces, que cogió y llevó al visir. Y el visir fué a entregárselos a la negra, y le dijo: “¡Levántate! ¡Vas a freírlos en mi presencia, para que yo vea qué asunto es éste!” Y la negra se levantó, preparó los peces y los puso al fuego en la sartén. Y apenas habían pasado unos minutos, hete aquí que se hendió la pared, y apareció la joven vestida siempre con las mismas vestiduras, y llevando siempre la varita en la mano. Metió la varita en la sartén, y dijo: “¡Oh peces! ¡oh peces! ¿seguís cumpliendo vuestra antigua promesa?”. Y los peces levantaron la cabeza, y cantaron a coro esta estrofa:

¡Si tú vuelves sobre tus pasos, nosotros te imitaremos! ¡Si tú cumples tu juramento, nosotros cumpliremos el nuestro! Pero si tú reniegas de tus compromisos, gritaremos de tal modo que nos resarciremos!

En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.